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17-06-2020 / Carnavales en Victoria

Farolitos de colores encendidos en la historia

Es este un nuevo relato sobre la historia de los carnavales de Victoria, construida originalmente por la licenciada Mónica Mereles en su tesis de grado titulada “Cronología Histórica de los Carnavales de Victoria: 1868-2010”.


Parte IV

Ignacio Etchart
redaccion-er@miradorprovincial.com

En el número anterior de MIRADOR ENTRE RÍOS, el relato cerraba con el bautismo colorido de los foquitos en las alturas de las calles alrededor de la Plaza San Martín, ejido cívico de la ciudad.
Por otro lado, la juventud se hacía poco a poco protagonista de la fiesta, cambiando el tono lúdico de las noches y transgrediendo tradiciones, como sucedió con Los Entrerrianos, primera comparsa mixta en la historia de la ciudad. Y junto a esas nuevas y frescas incorporaciones, también se mencionaron las primeras lanchas provenientes de Rosario, inaugurando el éxodo turístico que Victoria siempre recibe durante sus temporadas carnavalescas.

Camino a la mitad del siglo

Los carnavales de la década del 40’, como se describió en la entrega previa, mantuvieron una impronta que se sostuvo durante varios años y asentó prácticas y tradiciones que hasta el día de hoy se sostienen.

El Semanario Propuesta publicó el 13 de febrero de 1988 un artículo titulado “Victoria, Hechos y Personajes”, donde “un viejo rinconero que está pisando los cien” llamado don Eufracio Muñoz, recordaba cómo se desarrollaba la fiesta por aquellos años. “La primera vuelta a la plaza la daba siempre El Comisario del Carnaval, puesto recientemente inventado pero que rápidamente logró incorporarse a la rutina de todas las fiestas. Era una tarea muy importante, pues debía decidir quién desfilaba y quién no”, relata don Eufracio. Luego de esta vuelta inicial ingresaba la Banda Municipal, dirigida por el recordado maestro Sebastián Ingrao. Hoy, el grupo musical lleva el nombre de su querido director en homenaje.

Finalizada la vuelta de la Banda, comenzaba el desfile de carrozas, carros adornados, máscaras sueltas y por último las comparsas, precedidas siempre por sus inquietos y burlones payasos. Al final de cada columna marchaban, “muy serios y tiesos”, el presidente, el secretario y el tesorero de la comparsa. El primero portaba el estandarte representativo de la comparsa, mientras que los dos restantes cargaban banderas argentinas con las que saludaban constantemente a la concurrencia.

Llegado a la zona ubicada frente al palco de autoridades, los portadores de estandarte y banderas realizaban el tradicional saludo compuesto por tres inclinaciones en tono de reverencia. Luego, los músicos ejecutaban La Marcha de la Comparsa, donde debían dar cuenta de toda su maestría artística. Algunas comparsas llevaban coros de mujeres que llenaron de sorpresa a los espectadores y de triunfos para las agrupaciones.

De la noche a la mañana

La década del 50 encuentra a una Victoria cada vez más comprometida con la organización de los corsos. Durante la primera mitad de la década surgen las comparsas “Las Estrellas Entrerrianas” y el “Gaucho Fortunato Saravia”.

Por otro lado, se inauguró la planificación de la fiesta con un nuevo reglamento oficial donde se presentaba por primera vez la Elección a la Reina del Carnaval. Dicha ordenanza se vio plasmada en el Artículo 3 donde indica que “se coronará a la Reina del Carnaval de 1950, así como también concurso de comparsas, coches automotores y a tracción a sangre adornados, Murgas y Máscaras Sueltas e Infantiles, debiendo concurrir a desfilar ante el palco oficial, todas las noches para optar a premios”. Aquí da nota clara del espíritu cambiante de la época, donde se hacen presente las primeras carrozas tironeadas por vehículos modernos así como también existen algunas tironeadas por animales de carga.

Actualmente las noches de corso comienzan los sábados a la siesta, sea en la playa o en la costanera. Pero esta tradición tuvo sus orígenes por aquellos años. Cuenta un artículo del Diario La Mañana, titulado “Historia del Carnaval” (sin fecha ni autor detallada en la tesis), que los festejos de carnaval eran bulliciosos y comenzaban “después del mediodía del sábado con el juego de agua, durante los cuales se libraban verdaderas batallas entre ambos sexos”.

Obviamente, producto de la idiosincrasia propia de la época, los relatos perpetuados en el artículo contienen expresiones que hoy se consideran inapropiadas e incluso incorrectas. No obstante, por fidelidad y respeto a un escrito que representa el pensamiento de una época, las siguientes citas se presentarán de forma textual, como se transcribe en la tesis.

La nota describe que “a pesar del entusiasmo puesto de manifiesto por las damas, como cabe imaginar el sexo fuerte contaba con contingentes más numerosos y mejor pertrechados, que incluían baterías equipadas por temibles bombitas de agua. El campo de guerra elegido generalmente era algún patio de las amplias residencias de las familias lugareñas, a las que concurrían numerosas niñas, por invitación. Los juegos terminaban a las 18 con el disparo de las bombas de estruendo efectuado desde el Palacio Municipal”. Pero lejos estaban los sonidos vespertinos emitidos desde la Municipalidad de relajar y distender el humor del momento.

Durante estas horas, en las calles se llenaban de gentes que iban y venían. Por un lado, los jóvenes empapados que volvían a sus casas ubicadas en el centro de la ciudad, pensando ya en las preparaciones para la fiesta mayor. Pero por el otro, los primeros grupos de disfrazados y comparsas recorrían los barrios “inundando de música los apacibles rincones apartados del centro, donde eran obsequiados con refrigerios y apetitosos manjares”. La juerga se extendía incluso después de los corsos, recibiendo el aura del amanecer, “haciendo que la noche durara tanto como el día”.

Luego de la cuarta noche de corso, el carnaval repetía su protagonismo nocturno el miércoles inmediato. Consistía en encuentros bailables y “asaltos de máscaras” en casa del alguna familia o institución, donde era recurrente el juego con harina, talco o ceniza tamizada de fogón. Para “octava”, se finalizaba el carnaval con el destierro del Momo, Dios de la risa y de la burla, en el clásico Corso de Flores.

Pero esta década no fue sólo de alegría y fiesta. El fallecimiento de Eva Duarte de Perón el 26 de julio de 1952 provocó la suspensión de los carnavales del año siguiente por motivo de duelo. Además, en 1955 tampoco se realizaron los corsos producto de la crisis económica generada durante el gobierno de facto de Aramburu.

El espíritu de los 60

La década del 60’ trajo innovaciones que revolucionaron la celebración del carnaval victoriense. Una gran transformación estética y artística fue la aparición de las “scolas” (del portugués “escola”, que refiere a una disciplina de música y danza, por ejemplo la “escola do samba”). La influencia del carnaval carioca de Brasil abrió las puertas a nuevos estilos musicales, instrumentos y vestimentas.
Sumado a esto, se incorporaron a la infraestructura de la fiesta nuevos dispositivos técnicos, como los altoparlantes, consolas, y equipos de grabación y reproducción. Por otro lado, también se registra una evolución en la estética de las comparsas, con la incorporación de nuevos materiales de vestimenta, colores, texturas y telas, plumas artificiales, el uso del plástico. Para el público, comienza la masividad de “nieve loca”, desplazando de poco los juegos con agua y harina.

Eterna competencia

En la entrega anterior de esta historia, se transcribió parte de una entrevista realizada a Luis Capato, organizador de los carnavales durante varios años. En dicha nota, titulada “Recuerdos de Don Luis Capato” y publicada en 1986 por el diario La Mañana, existen fragmentos que describen un detalle particular sobre los corsos de estos años.

Cuenta Capato que la inauguración del Túnel Subfluvial, que une a las ciudades de Paraná y Santa Fe, provocó que tanto Victoria como Nogoyá, ciudades limítrofes entre sí, iniciaran una intensa campaña de difusión para atraer turistas de la provincia vecina. ¿El motivo? Consagrarse como La Capital Provincial del Carnaval Entrerriano. Pero sobre esta naciente, feroz y eterna competencia entre ambas ciudades, se continuará en la entrega próxima de Mirador Entre Ríos.

PARTE 1

PARTE 2 

PARTE 3


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