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23-07-2020 / Músico y dador de salud

“Muriaga”, el personaje del piano de botellas

Fermín Rafael Giles fue un personaje entrañable del Villaguay que combina ciudad con herencia de pueblo que se añora y por eso se recuerda a su gente por lo que representaron y aunque no tengan una placa que los honre y sin embargo la memoria salda ese vacío.


La sencillez de “Muriaga”, Luis Barros y su hijo Santiago.
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Ceferino Azambuyo
redaccion-er@miradorprovincial.com

Fermín Rafael Giles “Muriaga” se crió en inmediaciones a la actual de la Terminal de Ómnibus Manuel Belgrano, de Villaguay, en un entorno de casas bajas, con manzanas intermedias y paisajes arbolados con talas y espinillos, poca iluminación, calles de tierra y la obligada siesta pueblerina.

Nació el 7 de Julio de 1923 en el hogar de Ángel Rafael Giles, de profesión constructor, y Juana Dionisia Camaño, ama de casa, quienes conformaron una familia numerosa de 8 hijos.

La casa estaba ubicada en la intersección de Leopoldo Herrera y Brasil: techo de dos aguas, con lugar para vacas, un palomar y parrales, tal el ámbito en el que transcurrió buena parte de su vida.
Allí “Muriaga” acumulaba almanaques y también fue el hogar donde crecieron sus hijos.

La calle ancha delimitaba al oeste la llamada cancha de polo que hoy ocupan la Plaza “Francisco Ramírez”, la Escuela Técnica “Conrado Etchebarne” y el barrio de monoblocks “Alborada” en el barrio que adoptó el nombre de “La terminal”.

Le interesó de joven la práctica de boxeo y también el fútbol. Concurría al Club Defensores del Norte, fundado por su padre y con sede en la casa paterna. Esas experiencias fueron parte del crecimiento que todo joven va intentando y variando en la búsqueda.

Llega la música

A su amor por la música lo incorporó siendo muy joven, se estima que poco antes de 1947, cuando en una guitarra que tenía solo una cuerda, propiedad de su tío Julián Giles, ensayaba algunos sones intentando sacarle, a la sexta, algunas notas para acompañarse. Así ingresaba a un mundo en el que solo él conocía desde adentro. El otro, era su trabajo de albañil junto a su padre; y de allí directo a desquitarse con la guitarra.

En esa extensa calle que transitaba diariamente, “Muriaga” veía a músicos y cantores populares que le permitieron incorporar conocimientos. Eran muchos bares donde concurrían a distraerse los parroquianos y a ligar alguna copa o algún pago para “tirar” la semana.

Este personaje entrañable de Villaguay enriqueció su gusto por la música como espectador en el bar de Sebastián Álvarez, en la esquina de Yrigoyen y Esquiú, donde acudían conocidos ejecutantes, como “Chito” Figueroa, en acordeón y Corbeto y su hijo “Chiche”, Oscar Blanco y Calixto Romero en guitarra, al principio no era del agrado de estos músicos la presencia del chico pero era el dueño del bar el que les pedía que lo dejen aprender.

Así transcurrían los días, de la ruda tarea de albañil a su vocación de músico intuitivo, hasta encontrarse con algo que lo deslumbraría para convertirlo casi en un lutier.

El piano de botellas

En el año 1953 llega a Villaguay un Circo criollo donde se presentaban obras de teatro de reconocidos autores, muy importantes en ese tiempo y con una trayectoria que había dado inicio allá por 1945 aproximadamente.

En calle Estrada, en la manzana frente al Club Policial, se instaló el circo “Pabellón Palma”, con dos extraordinarios intérpretes del piano de botellas. Eran padre e hijo. Esos sonidos provocaron una atracción inusitada en Muriaga, tanto que se propuso construir el suyo.

No fue fácil la tarea. En primer lugar, había que conseguir las botellas a las cuales les echaba agua en distintas cantidades para conseguir las notas de manera adecuada, lo cual le llevó mucho tiempo y mucha práctica.

El “caballito de batalla” fue un tema musical que en esos tiempos sonaba en todas las radios y que se convertiría en un clásico del folclore litoral; “La vestido celeste” y fue el disparador para tantos otros como “Pájaro campana”, una improvisación que requiere de mucho oído y manejo de los tiempos para su ejecución.

“Muriaga" se familiarizó y fue logrando un notable dominio del piano de botellas y muchas personas comenzaron a interesarse haciéndose conocido en todo el departamento y actuando en distintos espacios convocantes de la ciudad, la zona rural y localidades aledañas.

La grabación

En 1991 grabó el tema “Pájaro Choguí”, en los estudios Villanueva de la ciudad de Paraná invitado por los reconocidos músicos Jorge Miño y Luis Barros. "Muriaga" llevaba las botellas en un cajón y como el ámbito era alfombrado le repetían una y mil veces que tuviera cuidado con algún derrame porque las botellas estaban destapadas.

Luis Barros comentó que, en Buenos Aires, 20 años antes, según el relato de una persona de apellido Arias, “Muriaga” se hospedaba en ese mismo lugar y ya tocaba el instrumento. Llamaba tanto la atención que la gente lo rodeaba admirada para aplaudirlo y pedirle otra.

Este hombre de piel morena y mirada firme no solo se ocupó de llevar alegría a través de la música sino que alivió el malestar de quienes acudían a él en busca de curar sus males con palabras secretas, la invocación a Dios y algún “yuyo” milagroso, que seguramente heredó de la denominada farmacopea criolla. A tanto llegó su fama que el compositor e intérprete Juan Carlos “Gallina” Alsina le dedicó un tema musical que hizo conocer su nombre y multifacéticas actividades que desarrollaba, entre ellas la de “Salud-dador”.

Sus últimos años transcurrieron en el hogar de ancianos de Villaguay. Al principio le costó mucho adaptarse porque su filosofía de vida era en libertad pero allí encontró sin embargo un espacio ideal para compartir en compañía de los abuelos.

Se cumplieron 97 años de su nacimiento y en Villaguay fue recordado con nostalgia a través de los medios de comunicación que hicieron escuchar sus temas en piano de botella una vez más.

Un mundo de anécdotas

De las innumerables situaciones vividas por “Muriaga” surgen algunas anécdotas simpáticas como aquella vez que se le quebró una botella de su piano y alguien le alcanzo otra con un resto de vino. Cuando comenzó a tocar notó que una de las notas no daba y ahí descubrió que alguien le había tomado el vino por lo tanto la botella estaba vacía.

En una oportunidad el creador de la canción dedicada a “Muriaga” recibió noticias sobre el homenajeado, le dijeron que estaba enojado con él porque no lo había consultado y lo andaba buscando para ajustar cuentas. El episodio tuvo su desenlace cuando, en una oportunidad, Alsina se bajó del colectivo en la terminal y se topó con "Muriaga", a quien trató de esquivar, pero grande fue su sorpresa cuando en vez de enojo lo recibió con un abrazo y agradecimiento porque lo hizo famoso en todo Entre Ríos; ahí descubrió que se trataba de una broma de sus amigos.

En otra ocasión la investigadora e historiadora Graciela Bascourleguy llegó a Villaguay con motivo del Encuentro Entrerriano de Folclore y mientras se terminaban los preparativos para el comienzo del evento se acercó a preguntar por el señor Rafael Giles. Le llamó la atención porque nadie lo conocía siendo un personaje de Villaguay, hasta que lo nombró como “Muriaga” y no tardaron mucho en presentarlo.


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