Pioneras

Periodistas que narraron la lucha feminista en Argentina

A lo largo de la historia a contrarrelato, los feminismos, en su carácter diverso y heterogéneo, vienen teniendo grandes compromisos. Uno de ellos radica en tener que reponer las voces de las mujeres silenciadas, más que por la historia, por los historiadores.


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Guillermina Ferraris
redaccion-er@miradorprovincial.com

En el marco del 7 de junio, fecha en la que se recuerda el valor y compromiso de algunos referentes del periodismo nacional, elegimos hacer un rescate histórico, a modo de reparación, de dos mujeres referentes del periodismo argentino, que entregaron su vida a la lucha por que las mujeres puedan ser parte de la opinión pública.

Por un lado conoceremos a Petrona Rosende de Sierra, periodista y poeta uruguaya nacionalizada en argentina, fundadora de La Aljaba, el primer periódico dirigido a mujeres con una impronta feminista. Y por otro lado, nos adentraremos en la vida de Virginia Bolten, referente nacional del anarquismo y fundadora de La Voz de la Mujer, primer periódico anarcofeminista del país.

Acerca de los rasgos de la época que marcaron y caracterizaron el periodismo de aquel entonces, la historiadora Gilda Manso cuenta en su libro La Historia Argentina Contada por Mujeres, que “en general duraban muy pocos números porque los bancaban ellas con sus sueldos de maestras o costureras o de los trabajos que hacían las mujeres en esa época. Eran periódicos revolucionarios por el hecho de que eran mujeres expresándose públicamente, dando su opinión. Ahí encuentro un inicio del feminismo, aunque no podemos hablar de feminismo en esa época porque no existía el concepto, pero sí que lo fueron sin saberlo”.

Pionera, feminista y guerrera

Petrona Rosende de Sierra nació el 18 de octubre de 1787 en Montevideo. Es considerada la primera periodista mujer del Río de la Plata que además, le hablaba a otras mujeres. Para ubicarnos contextualmente en la primera mitad del siglo XIX, conviene recordar que estuvo marcada por tensiones, cambios traídos por la independencia y guerras civiles casi ininterrumpidas entre unitarios y federales. Un momento en el que los hombres decidían sobre la vida política del país.

Atravesando todas estas limitaciones, Petrona comenzó a cuestionar el lugar asignado a las mujeres desde un terreno que era prohibido para ellas: la opinión pública. Para ello fundó y dirigió en 1830 el primer periódico feminista llamado la Aljaba, en alusión al estuche en el que las guerreras guardaban las flechas. Una gran metáfora que supo reflejar a la perfección el poder de la palabra feminista, que hoy día sigue luchando por disputar sentido, aquello simbólico que dignifica en términos políticos y estructurales.

En enero de 1831 y después de publicar 18 ejemplares, dejó de editarse, pero el camino estaba iniciado. Además del periodismo, se dedicó a la poesía y la docencia. Fue una precursora de la literatura infantil y compuso algunas fábulas y letras folklóricas para niños.
“Para que el hogar sea un pilar de virtud y patriotismo, es fundamental que la mujer se eduque, no sólo en lo doméstico, sino en todo lo relativo a la vida pública y a los avances de la ciencia y las humanidades”, manifestaba en aquellos años.

El siglo XIX fue hostil para las mujeres. Los avances que se habían logrado durante la Revolución francesa, se vieron truncados por la promulgación del Código Napoleónico de 1804; las mujeres quedaron nuevamente bajo el poder del hombre (marido, padre, hermano). Escribir era para ellas motivo de burla y escándalo. Debían vivir recluidas en lo doméstico y no eran aceptadas en terrenos públicos como la política, la literatura y el periodismo.

Petrona interpeló a sus lectoras sobre la formación intelectual de la mujer, su posición y rol social. “¿Hasta cuándo se verá el sexo femenino sumido en la obscuridad en que lo encerró el sistema opresivo de los que le negaban los conocimientos más sencillos?” se preguntaba en sus páginas.

Heroína anarquista

Virginia Bolten nace en 1876 en la provincia de San Luis. Hija de un inmigrante alemán y nieta de un estanciero criollo. A sus catorce años, 1890 se instala en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Con el paso de los años, las ideas libertarias y socialistas provenientes de Europa comienzan a circular a causa del gran asentamiento de obreros inmigrantes que se dio durante esos años.

Virginia acompañó este proceso político desde muy jóven, encarnando una ferviente militancia por la emancipación de la mujer como sujeto político. Se identificó con la causa se entregó de lleno a la lucha. Con una parte de su modesto sueldo se animó a fundar un periódico: La Voz de la Mujer, considerado el primer periódico anarcofeminista de la Argentina. Recorría las fábricas repartiendo la publicación a las trabajadoras, una publicación que tenía un lema bastante contundente para la época: “Ni Dios, ni Patrón, ni marido”. Su idea era motivar a las obreras a luchar, no para poder usar pantalón o fumar en público, sino por la igualdad de derechos, por una vida digna.

Con su pluma afilada, Bolten fue ganando fama durante el siglo XX, contexto en el que, a medida que se desarrollaba la industria, crecía la organización del movimiento obrero. Bolten se convirtió en una militante reconocida por los diarios y sus propios compañeros, e incluso, gracias a su habilidad como oradora, fue designada para encabezar una gira por todo el país. La policía la detuvo en varias ocasiones pero nunca abandonó su militancia.

En 1904, viaja a Buenos Aires a pesar de estar en la mira de la fuerza de seguridad, tanto ella como su compañero Manuel. Allí se suma al Comité de Huelga Femenino de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA). Continua recorriendo las fábricas, pero esta intensa actividad comienza a afectar su salud. Hacia 1907, recuperada motiva la Huelga de los Inquilinos. Ante la crisis de gobierno el proletariado se organiza y el conflicto se extiende durante meses. La respuesta estatal, fue la represión para intentar desalojar a las familias. Las mujeres se organizaron y gestaron la resistencia con lo que tenían a la mano. Salieron a la calle con una consigna contundente: barramos con las escobas las injusticias de este mundo.

Al caer detenida, Virginia es interrogada acerca de su nacionalidad y miente, diciendo que es uruguaya. Se ve obligada a abandonar el país debido a la Ley de Residencia, vigente en ese entonces, y decide radicarse en Montevideo para reencontrarse con su marido e hijos y convierte su casa en un centro estratégico de reuniones del movimiento anarquista uruguayo. A partir de 1912 prácticamente sale de la escena pública, para dejar su huella como en todos los lugares a donde le tocó contagiar su deseo por la emancipación. Algunas historiadoras datan su muerte en el año 1963 y otras en el 1969. La certeza que existe, es que los momentos más ávidos del movimiento anarquista se vivieron con su paso por las distintas ciudades, de Buenos Aires, Rosario y Montevideo.

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