Un referente a nivel provincial

Manuel Agotegaray: el legado de un dirigente con un modelo de gestión de "exportación"


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Manuel Agotegaray se define, todavía hoy, como "farmacéutico". Lo es, claro, por vocación, por tradición familiar (su abuelo lo fue) pero también por esencia: se reconoce en los valores de esa profesión que trata de mediar, muchas veces en desventaja, entre el poderoso aparato de los laboratorios, la industria del medicamento, el mercado, y la población que necesita ese medicamento para recuperar o mantener la salud.

Cree firmemente en una visión sanitarista y no mercantilista del sistema de salud y del medicamento. Y en rol de cercanía del farmacéutico.

Pero, en realidad, esos fueron los pilares y puntos de partida para la verdadera vocación de Agotegaray: la de dirigente, en la que descolló hasta perfeccionar herramientas y representación desde el Colegio de Farmacéuticos de la 1era. Circunscripción, y llegar a la creación de la Fefara, una federación que nuclea a buena parte de las provincias del país.

Entre los muchos logros, verdaderos hitos para los farmacéuticos santafesinos primero, y del resto del país después, se destacan el fortalecimiento del sistema de farmacias en red, el sistema de gestión, la validación online de recetas, la participación en el gerenciamiento de la obra social provincial y, como Fefara, del Pami. En todo ello, de manera central, estuvo la mano y el trabajo de "Manolo" Agotegaray y un equipo de profesionales que lo acompañó a lo largo de los años. Inquieto, desde su Ramallo (en el norte de la provincia de Buenos Aires) natal, fue a estudiar a San Luis, para radicarse luego en Santa Fe. Pero además de recorrer toda la provincia pueblo por pueblo, el país y buena parte del mundo, tiene amigos y familia en muchos lugares, por ejemplo en Misiones. El libro, cuyo autor es el escritor y periodista misionero Manuel Sotelo, cuenta parte de esas historias a modo de legado para las nuevas generaciones de farmacéuticos y de dirigentes…


-Hay un momento en tu vida en que necesitaste involucrarte más, trascender los límites de tu propia farmacia...

-Se fue dando como un proceso, sí. Yo estaba con mi profesión y empecé a ejercer la dirigencia acá, en Santa Fe. Y encontré la vocación de dirigente en el Colegio de Farmacéuticos. A uno lo va llevando la realidad. No estaba de acuerdo con un montón de cosas y así me fui involucrando. Sucede que querés adelante los cambios, intervenir en ese proceso de cambio, no quedarte solo en la protesta o en el diagnóstico. Hay que ser parte de la solución. En el caso nuestro veíamos entonces un montón de falencias en la representación del sector, y también sentíamos que debíamos defender una posición profesional y social en vez de mercantilista con respecto al medicamento.

-Bueno, pero no quedó en Santa Fe nomás… No quedó solamente en hacer más operativo y funcional al Colegio local. Porque saliste a crear una Federación, la Fefara...

-Esto empezó en Santa Fe, en nuestro Colegio de Farmacéuticos y se fue replicando en otros sitios y hoy, con orgullo lo decimos, es un modelo de gestión que han imitado otras muchas provincias que hoy dan forma a la Fefara, la Federación de Farmacéuticos del país.

En su momento y también ahora, no hay que explicar la fuerza y la presión que ejercen en este tema los laboratorios. Y nosotros quisimos mantener la idea de que el medicamento es un bien social y no sólo un producto que se vende. Y con ello, la idea del rol del farmacéutico como un agente capaz de garantizar el acceso al medicamento con las condiciones que debe tener.

Catorce provincias en 2005 quisimos hacer una federación realmente federal y además acordar herramientas de gestión y líneas de acción transparentes, que no encontrábamos en la organización preexistente. Tras haber soportado dos fraudes en elecciones en la organización nacional que entonces regía la organización de los farmacéuticos, nos llevó a Santa Fe y a otras provincias a formar la Fefara, la Federación de Farmacéuticos de la República Argentina, que tiene desde luego organización claramente federal y principios éticos.

-A lo largo de los años, se han conseguido herramientas y logros que fortalecieron la transparencia del sistema de salud y la circulación del medicamento.

- Sí. Es lo que sucede por ejemplo con el contrato, que es un modelo para otros territorios, entre el Iapos y el Colegio de Farmacéuticos. Es del año 1991, ya tiene más de treinta años de vigencia. Han pasado gobiernos peronistas, socialistas, todos lo han visto, lo han revisado, han visto cómo funciona y todos se han convencido que siempre se puso al afiliado como centro del servicio.

Por supuesto que hubo y hay cambios, reclamos, cosas para mejorar. Pero la buena administración de recursos de la obra social por un lado y de la parte pública por el otro, son uno de los pilares de nuestra lucha.

Para que la profesión siga existiendo, debe insistirse en hacer al sistema lo más transparente posible. Hay que lograr avanzar hacia la identificación de quién usa el medicamento. Ojalá venga algún día un funcionario comprometido con la salud y establezca un seguro de salud, por ejemplo. Así, podría identificarse a cada ciudadano y a su necesidad de medicamentos. Recursos hay. No puede haber ciudadanos de primera y de segunda en esta materia, donde la salud y hasta la vida están en juego. Las herramientas informáticas están a disposición y funcionando. Y desde luego aporta a la trazabilidad del medicamento y a la transparencia completa del sistema…

-El rol de dirigente te contactó también con otras realidades, pudiste comparar sistemas, pudiste hablar con mucha gente. Y pareciera que se trató de una tarea de puertas adentro por un lado para consolidar el Colegio local; y hacia afuera también, con la Federación y con contactos internacionales.

-¡Claro! Avanzamos en todos los órdenes. También los contactos internacionales fueron y son importantes, porque uno debe estar atento a lo que otros hacen, siempre con la idea de mejorar. Pero es rigurosamente cierto que hubo y hay una tarea muy intensa hacia adentro.

Esa actividad sentó las bases del Colegio de Farmacéuticos de Santa Fe. Aprendí mucho más a escuchar que a hablar. Recorridas por pueblos y ciudades, y después, cuando se cerraba la farmacia y comenzaban las reuniones... ¡Cuántas anécdotas, cuánto aprendizaje! Con toda esa data, fuimos armando las herramientas y las respuestas que la sociedad y el colega necesitaban.

-Todo cae, finalmente, en el rol del farmacéutico en la sociedad; en su barrio, en su localidad…

-Es así, en efecto. Hay que tener en cuenta que nosotros representamos a red de farmacias. Es decir, no a las cadenas de farmacias, que tienen mayor concentración y poder económico. Representamos al farmacéutico de barrio o de una localidad pequeña. Estamos convencidos que ese es el servicio que la sociedad necesita. Y que va a seguir necesitando.

 

Vocación. "Empecé a ejercer la dirigencia acá, en Santa Fe. Y encontré la vocación de dirigente en el Colegio de Farmacéuticos. A uno lo va llevando la realidad. No estaba de acuerdo con un montón de cosas y así me fui involucrando".Foto: Flavio Raina

 

 

Creo que la farmacia va a seguir con un enfoque de perfil asistencial, estar muy cerca de la gente o va a desaparecer. No tendrá, si se pierde ese perfil y esa vocación, razón de ser como profesión. Estoy más convencido que nunca que, más allá de la tecnología y los avances informáticos -que nosotros incorporamos como herramienta para mejorar-, la accesibilidad que tiene la gente a la farmacia de la esquina, de su barrio o de su pueblo, es fundamental. Y el farmacéutico, pese al bombardeo mediático, debe ser un actor de contención para el uso responsable del medicamento.

-Hay factores de poder muy fuertes en la industria del medicamento y una presión constante para imponer marcas y puntos de venta en cualquier lugar, no sólo en las farmacias.

-Sí, claro. Es una de las batallas que libramos todos los días. Ha pasado también que sufrimos degradación los argentinos en todos los órdenes y desde luego también en materia de políticas de salud. Los recursos que se gastan en Argentina son suficientes para que cada ciudadano tenga acceso al medicamento que necesita. Nadie tiene ninguna duda en este punto.

En España, yo recuerdo incluso el testimonio de mi abuelo, hay una farmacia regulada, con un sentido sanitario, como una herramienta para que el médico la utilice para recuperar y conservar la salud y no como una mera mercadería más.

El último ministro de Economía que se ocupó del precio de los medicamentos fue Erman González. ¡Estamos hablando de 1989! A partir de ahí, ningún gobierno se metió en serio con el precio del medicamento. Eso marca también la fuerza que tiene el mercado en este sentido. La farmacia y el medicamento fueron cambiando empujados por ese poder. Entender ese proceso y mantener la esencia, fueron y son premisas de nuestra organización.

En el montón de años de ejercicio de la profesión de dirigente, jamás pedimos leyes nuevas. Si aplicáramos las leyes, no necesitaríamos nueva legislación. Un medicamento mal usado es peor que la enfermedad. Pero hay una enorme inducción a la utilización libre y desregulada. Y es peligroso.

Nosotros hemos creado un Instituto de Formación de Dirigente. Los intereses de mercado están y estarán en medio. No alcanza con ser buenas personas y profesionales. También hay que estar preparado. La estatura del poder que enfrentamos es muy grande. No le debemos nada nadie. Sólo a los farmacéuticos que creyeron en nosotros.

Entre los muchos logros, verdaderos hitos para los farmacéuticos santafesinos primero, y del resto del país después, se destacan el fortalecimiento del sistema de farmacias en red, el sistema de gestión, la validación online de recetas, la participación en el gerenciamiento de la obra social provincial y, como Fefara, del Pami.

Las cuatro "C"

Manuel Agotegaray se define de manera rotunda como "farmacéutico". Y aclara que rige su vida y su actividad la "regla de las cuatro C": convicción, compromiso, coherencia y conducta.

A manera de legado

-Hablame del libro. Tiene anécdotas imperdibles, es ameno, hay historia e historias dentro. Pero también está pensado como un registro de lo realizado y como una suerte de legado para quienes se inician en la profesión...

-El libro surge de inquietudes de dirigentes jóvenes que de alguna manera nos reclamaban que pudiéramos plasmar esa historia, más de dos décadas, esos principios y herramientas de la gestión y del modelo que pudimos consagrar en esta provincia primero y en muchas otras después.

Tuve la satisfacción de poder presentarlo ya en diciembre en Buenos Aires y en Misiones.

En Santa Fe estamos viendo la fecha de presentación, fundamentalmente porque la prueba piloto del sistema o de nuestro sistema, se hizo aquí.

Se lo he llevado también a varios funcionarios y exfuncionarios con quienes uno tuvo relación a lo largo de los años. Porque también hemos conocido buenos funcionarios, honestos, probos. Para mantener el acuerdo modelo que tenemos con Iapos debió haber no sólo honestidad y buenas intenciones y prácticas de nuestra parte, sino también desde la parte pública. Hay que ver ese medio vaso lleno, sabiendo que existe, desde luego el medio vaso vacío.

Nunca pensé que todo eso, toda esa vida, toda esa gestión podía ser tema de un libro. Traté de abrirlo, que no sea sólo o estrictamente la historia de vida o de gestión de una persona, sino los distintos actores del Colegio. También está el testimonio de dirigentes farmacéuticos del País Vasco y de España y de diferentes farmacéuticos, contadores y actores del sistema.

Hay dos capítulos interesantes narrados por nosotros y otro por la médica que en su momento tenía a cargo los medicamentos del Pami. Porque todo esto refiere a la historia de la receta digital que el Iapos tenía en nuestro medio. Una iniciativa que pudo hacerse en conjunto con las autoridades y que pudo concretarse en 2018 y que dio de baja al sistema anterior que venía del Menemismo. La receta digital le sirve a todos.

Y luego está el ingreso de nuestra organización en la administración misma del Pami. El periodista que escribió el libro define a ese cambio como "la final del mundo". Después de ese logro, hay pocas cosas más que pueden igualarse…


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