Concordia

Resiliencia y coraje en la vuelta a casa

Tras el paso de la creciente, quienes regresan a sus viviendas, clubes y emprendimientos deben armarse de paciencia y ser solidarios. El barro y los residuos, obstáculos que deben sortear.


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A mediados de octubre, Concordia comenzó a vivir una crecida del río Uruguay que los expertos calificaron como “extraordinaria”. En pocos días, el nivel frente al puerto de la ciudad aumentó tanto que comenzaron las evacuaciones.

Aunque la situación fue controlada, más de 400 familias debieron abandonar sus casas. A la vez, comerciantes de la zona y clubes tuvieron que pausar sus actividades, con las pérdidas que esto significa.

Los días transcurrían y las noticias no eran positivas, informe tras informe, la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande, que maneja los niveles del río a diario, daba a conocer nuevas medidas que significaban más evacuaciones, hasta que a fines de noviembre la crecida cesó y la bajante comenzó a marcar tendencia.

El tiempo que pasó marcó un precedente: nunca antes una creciente había durado tanto y eso traería consecuencias.

La vuelta a la normalidad para familias, comercios e instituciones es una alegría, pero a mediados de diciembre todavía deben pasar por un proceso de limpieza. Es que el río tomó posesión de las edificaciones y trajo consigo barro y bichos. Al retirarse, además, dejó marcas, olor, árboles, postes y cables caídos, así como también aberturas y vidrios rotos. Eso significó y significará que tendrán muchos días de trabajo.


“ALEGRÍA Y TRISTEZA A LA VEZ”


María, de 70 años, vive en Carriego al 500 junto a su esposo Jesús y sus mascotas. Para mantenerse cerca de su vivienda, había decidido quedarse en uno de los vagones que había sobre la vía –ubicada en la esquina de su casa– y vivir su evacuación allí. A fines de octubre, cuando el río la hizo salir de su casa, contó a Mirador Entre Ríos que iba a esperar pacientemente hasta que el agua se retirara y allí volvería a empezar. Ese es un proceso que conoce de memoria.

El momento que María esperaba llegó durante esta semana, pero costó volver a la vivienda. “El agua bajó, pero dejó mucha mugre, mucho barro. Estuvo tanto tiempo crecido el río que trajo de todo y encima la casa está muy húmeda, así que creemos que volveremos a alguna habitación e iremos trayendo nuestras cosas de a poco. Sentimos alegría y tristeza a la vez. Alegría porque podemos volver a casa, tristeza porque esta creciente fue muy dañina”, contó ahora, mientras se las ingeniaba para sacar algunos residuos en una carretilla.

“La situación no fue fácil durante la evacuación, porque nosotros nos fuimos a un vagón y tuvimos que convivir con familias de la zona. A veces era complicado porque hacían ollas populares y no nos llegaba la porción, o cuando Aduana trajo donaciones a mi marido no le dieron calzado, que necesitaba, porque le falta una pierna. Fuera de eso, hubo mucha solidaridad, y todos nos transmitían esperanzas, nos decían que volveríamos pronto, así que estamos contentos de poder volver a nuestro hogar”, aseguró.

La transición y el cambio de gobierno jugaron una mala pasada. Aunque el río bajó hace una semana, las calles todavía tienen barro y no fueron limpiadas, por lo que gran parte del paseo de costanera permanece intransitable. La vecina también notó que falta un operativo de ayuda para ellos.

“Hemos vivido muchísimas inundaciones, y en esta oportunidad nos sentimos solos. La gestión saliente nos acompañó hasta el 10 y la entrante no terminó de acomodarse justo cuando necesitábamos fuerza para mudarnos, productos de limpieza y desinfección, todo lo que siempre traen para ayudarnos. Es mucho lo que nos queda por hacer porque esta creciente cortó cables, llenó de mugre, volteó árboles. Ojalá pronto nos escuchen”, concluyó.


LA COSTUMBRE DE RENACER


Ariel Carayani es el propietario del bar y restaurante Ikaria, ubicado en la esquina de Roque Sáenz Peña y Avenida de los Pueblos Originarios (costanera). Como todos los que están ubicados en la zona, debió trabajar para volver a abrir su espacio. “Esta vez fue difícil porque la creciente llegó en temporada alta y nos mantuvo lejos de la actividad durante más de un mes”, contó a Mirador Entre Ríos.

A pesar del mal trago, asegura que siempre salen “más fuertes” de las crecidas. “La realidad es que estamos tristemente acostumbrados y tenemos la fuerza para renacer y reinventarnos. Todos los que trabajamos acá sabíamos, al abrir nuestros comercios, que íbamos a tener que pasar por esto cada tanto, entonces, aunque nos entristece y deprime la situación tenemos en claro qué necesitamos al volver y cómo trabajar para poder recuperarnos lo más rápido posible”, indicó.

Al igual que María, Carayani considera que esta vez el tiempo y el cambio de autoridades jugaron una mala pasada. “El río estuvo estancado en crecida y eso nos hizo muy mal. Para borrar las marcas del agua hay que trabajar mucho, y no se puede transitar todavía por toda la avenida porque no pudieron limpiar rápidamente el barro, ya que el cambio de gestión hizo que demoren un poco. Aun así, creo que tenemos la fuerza para seguir aprendiendo de lo que nos pasa y volver a empezar”, finalizó.


VOLVER A NACER


Los clubes también sienten que tienen que “volver a nacer”. Todas las instituciones ubicadas en la zona costera sufrieron pérdidas y daños que se harán sentir durante meses y marcas que significarán un costoso trabajo de pintura y reparaciones.

Facundo Pérez, dirigente del Club Comunicaciones Concordia, contó cómo viven los días post creciente. “Nosotros somos una familia y como tal nos unimos para pelear juntos en este momento. Venimos a limpiar las instalaciones, tratamos de dejar el club en las mejores condiciones posibles para poder ir retomando de a poco la actividad”, señaló.

Aunque se juntan a limpiar y tienen pensado pintar y seguir con los arreglos, todavía hay incertidumbre. “Sabemos que nos costará volver a la normalidad, a ser lo que éramos. El club estaba muy ordenado y lindo, pero nos tocó atravesar este momento y ahora tenemos que empezar de nuevo. No sabemos cuándo estaremos al 100% porque tampoco sabemos si volverá a crecer tanto el río, así que vamos paso a paso”, explicó.

Tanto Comunicaciones como otras instituciones deportivas están centrando su actividad en la limpieza y recuperación. Aunque todavía no pudieron calcular al detalle, las pérdidas son millonarias y tendrán que hacer mucho esfuerzo para volver a brillar, pero confían en que lo harán.


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