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11-09-2019 / El repaso por la vida de una estrella entrerriana

“No puedo pedir más de la gente y de la vida”

A 54 años de consagrarse en el Festival Nacional de Folclore en Cosquín con “Canción del Jornalero”, el poeta paranaense Jorge Méndez repasó vida y obra. Además, la trascendencia de Puerto Sánchez, su relación con el maestro Linares Cardozo, la anécdota con Oscar Matus y Jorge Cafrune.

José Prinsich
redaccion-er@miradorprovincial.com

A escasos metros del palacio municipal de Oro Verde, ubicado sobre calle Los Zorzales, dos banderas flamean en la terraza de una casa: una pertenece a la Liga de los Pueblos Libres, liderada por José Gervasio Artigas, y la otra es la que identifica a todos los argentinos con el sol en el medio. Después de tocar timbre y tras una espera fugaz, un señor de unos 70 años salió al encuentro. Ese señor, ya alejado de los escenarios, pero con la misma lucidez de hace cinco décadas, era Jorge Méndez, quien recibió cordialmente a Mirador Entre Ríos para relatar su historia de vida en el marco del Día del Folclore Argentino (por celebrarse en Buenos Aires el Primer Congreso Internacional de Folclore el 22 de agosto de 1960) y a 54 años de haberse consagrado en el Festival Nacional de Cosquín con “Canción del Jornalero”.

Mientras el sol atravesaba por uno de los ventanales de la vivienda, el grabador comenzó a registrar cada momento de su vida desde su infancia hasta el video que el mismísimo presidente Mauricio Macri le enviara por el aniversario de la ciudad de Paraná. Las paredes del hogar daban cuenta del recorrido realizado en todos estos años: cuadros con recortes periodísticos, fotografías en diversos festivales y eventos importantes del país, placas recordatorias y una imagen en blanco y negro junto al gran Jorge Cafrune. Además de una importante colección de libros, el paranaense también exhibe sus artesanías a partir de elementos reciclables.

“Me siento más poeta que músico y me siento más lector que poeta”, se define en pocas palabras el hombre que le cantó a la vida y a la patria; a la familia, la mujer, los niños y los animales; al pueblo y a la poesía. Entorno a la música, siempre admiró la voz de Hernán Figueroa Reyes. Pero el cantor que lo marcó a fuego fue Ramón Ayala, uno de los máximos representantes de la música del litoral. “Fue el primer poeta que descubrí que canta. En definitiva, con él descubrí la poesía en el canto”, sostuvo Méndez.

Así como la música, los libros han sido clave en la formación del compositor entrerriano. “Me devoro los libros. No puedo vivir sin uno al lado. He leído mucho pero eso no me da el título de ‘inteligentual' como diría Atahualpa Yupanqui”, agregó el guitarrista nacido el 10 de agosto de 1942 en la capital provincial cerca del Monumento “La Danza de la Flecha”. Parecía que ese lugar, sin querer queriendo, estaba esperando un cantor.

Referentes y sorpresas

Entre los autores locales que no pueden faltar en la biblioteca de la vida se destacan “Martín Fierro” de José Hernández; “Don Segundo Sombra” de Ricardo Güiraldes; “Facundo” de Domingo Sarmiento; y “El Matadero” de Esteban Echeverría, entre otros. Al listado también se suma el español Carlos Ruiz Zafón con su obra “La sombra del viento”. Pese a su avanzada edad, Jorge Méndez no pierde un solo segundo en seguir aprendiendo. Actualmente estudia piano, con el cual ya sacó “Pedacito de Cielo”, un preludio de Frederic Chopin y Johann Sebastian Bach, y como no podía ser de otra manera, “Puerto Sánchez”.

Jorge Méndez se ha transformado en un ícono para los entrerrianos. Sus canciones, con el transcurrir de los años, se incorporaron rápidamente al cancionero popular, llegando a trascender las fronteras del país. El doctor Yamil Ponce, oriundo de Libertador San Martín y amante del folclore, llegó a recitar Puerto Sánchez en la Muralla China. El video del profesional de la salud, con la bandera argentina a sus espaldas, tuvo grandes repercusiones.

El tema, que hace referencia a la vida en un lugar emblemático de la costa paranaense, fue traducido al alemán, guaraní, inglés y japonés, además de ser considerado un emblema musical para los panzas verdes. Pero no sólo los idiomas varían sino también los géneros que van desde el rock hasta la cumbia.

Por su parte, Nathalia Röpke, una brasileña que se fue a vivir a Dublin (Irlanda), interpretó El Jornalero en los recitales callejeros. “Un día me llaman de Corea del Sur. Pensé que era una cargada y corté. A los dos días me vuelven a llamar y me preguntaron si había grabado el tango ‘Copia Fiel' porque uno de los mejores cantantes de Hip Hop, llamado G2, iba a decir unos versos con el fondo musical del tango”, comentó el consagrado compositor a este medio.

En el 2005 grabó junto a su hijo Ernesto el disco “Destinos Luminosos”, donde hace música la poesía entrerriana con exponentes de la talla de Olegario Andrade, Diego Espiro, Daniel Elías, Juan L. Ortiz, Carlos Mastronardi, Leoncio Gianello, Juan Manuel Alfaro, Galo Zaragoza, Ana Teresa Fabani y Miguel Ángel Federik, entre otros. “La poesía no vende porque la poesía no se vende”, expresó en su momento Federik.

—¿Qué balance haces a esta altura de la vida?

—Cosecharás tu siembra y mi siembra ha sido fructífera para mí y para mi vanidad, que ya está satisfecha más las cosas que me han sucedido en el último tiempo. No puedo pedir más de la gente y de la vida. Me quiere todo el mundo pero yo los quiero más. Esto es recíproco y estoy feliz por la canción.

—¿Cómo surge la “Canción del Jornalero”?

—Tenía 19 años cuando la escribí allá por 1961. Todo surge cuando veo gente en situación de calle. “Que me esperará mañana si no gano mi jornal”, comienza la canción. Creo que tiene vigencia eso. En realidad, me gustaría que tenga vigencia por la música pero no por la letra porque entonces estamos igual que cuando la escribí.

Su primer logro personal

Fue como “Mejor Solista de Canto” en el Festival de Posadas. Fue en 1964 en Misiones. “Ahí canté Puentecito de La Picada en el Anfiteatro Miguel Ramírez. No voy a olvidar la luna de Encarnación. Me acuerdo que no tenía repertorio del litoral porque había llegado, para ese tiempo, el imperialismo salteño. Todos cantábamos zamba hasta Linares Cardozo. Yo estaba enamorado de Los Chalchaleros, Los Fronterizos, Cuchi Leguizamón, Falú y Dávalos. Era flaquito y jovencito. Tenía 22 años. Canté frente al público ‘Los hombres del río', de Armando Tejada Gómez y Oscar Matus”, rememoró el cantautor y agregó con detalle sobre aquella noche: “Cuando bajo del escenario con el primer premio, que era el más importante que había ganado hasta el momento, viene un mendocino morocho y peticito. Me abraza con lágrimas en los ojos. No lo conocía en absoluto. Pero el señor se presentó como el autor de aquella memorable canción. Era nada menos que Matus, el esposo de Mercedes Sosa”.

Un derrotero exitoso

—¿Después de esto te presentas en Cosquín en 1965?

—Exactamente. Allí iba a cantar “Lázaro Blanco” de Linares Cardozo y “El Cachapecero” de Ramón Ayala. No tenía nada mío porque tenía vergüenza. Pero terminé cantando El Jornalero, con la cual obtuve el reconocimiento.

—Ahí tuviste la posibilidad de conocer a Mercedes Sosa y a Jorge Cafrune...

—Venía por la plaza con la guitarra y me lo encuentro a Oscar Matus, quien me la presenta a Mercedes Sosa. Pocos la conocían para ese entonces. Estaba en la camioneta de Jorge Cafrune, quien desde el escenario invitó a la ‘Negra' a subir. No recuerdo qué cantó pero nunca vi explotar la Plaza Próspero Molina como aquel día y eso que he ido muchas veces a Cosquín, no sólo como artistas sino también como público. Esa noche fue increíble. Cuando bajó Cafrune le pedí a un fotógrafo de la revista ‘Folclore' si nos podía tomar una imagen.

—¿Cómo lo llegó a conocer a Linares Cardozo?

—Yo trabajaba en la Lotería de Entre Ríos, lo que era la antigua Caja de Asistencia Social, en calle Corrientes. Linares tenía un programa que lo auspiciaba la Lotería. En ese momento, yo vendía billetes de lotería y lo miraba por la ventana. Él se sentaba esperando al contador. Para ese entonces ya tenía escrito Jornalero y Puentecito de La Picada pero me daba vergüenza cantarlo. “Don Linares me seleccionaron para ir a Cosquín y me gustaría llevar una canción suya”, le comente al creador de “Soy Entrerriano”. Ahí me escribió “Lázaro Blanco” y él lo denominó chamamé galopeado.

—¿Qué pasó después?

—La primera noche que lo canto en Cosquín, Aníbal Sampayo (miembro del jurado) me dijo que me habían bajado el puntaje porque le puse chamamé galopeado y que el jurado no lo reconocía. “Cantate otra canción cuando te vuelvas a presentar”, me recomendaron. Y ahí canté el Jornalero. 

—¿Qué recuerdos tenés de Linares?

—Fue un hombre increíble y lo destaco también como poeta. Muchos lo destacan como letrista pero hay poetas y músicos. Y Linares era un auténtico poeta. Yo le he dedicado poemas a él en mis libros. Tendría horas para hablar de él. Cuando fui a verlo a Libertador San Martín, porque se estaba haciendo quimioterapia, lo vi con todos los frascos y cajas de medicamentos. Hasta en ese momento tenía buen humor. Recuerdo que le conté que en Cosquín el jurado me había bajado el puntaje por ponerle chamamé galopeado a “Lázaro Blanco”. A lo que él me respondió: “Qué mierda van a saber esos”. Me quedé admirado de Linares, un hombre tan cultivador de la buena palabra (risas). Antes de partir rumbo a Colón, lo despedimos en Paraná junto a Jorge Enrique Martí, Marcelino Román y Carlos Alberto Álvarez. Todos grandes referentes de la literatura y la música. “A Linares no lo invites más a comer porque come como un poeta”, lanzó Marcelino.

—En el 1963 compusiste “Puentecito de La Picada” y “Puerto Sánchez”, ¿Cómo se gestaron ambas canciones?

—Puentecito se lo dedique a quien fuera mi novia y luego mi esposa, que trabajaba en la Escuela Rural “Almafuerte” en La Picada. La iba a visitar y caminábamos por el puentecito. Hoy un tramo de este puente está en Sauce Pinto y el otro en Federación. Hoy, la canción es considerada como el Himno Oficial de La Picada. La calle principal se llama Jorge Méndez.

Con Puerto Sánchez fue diferente. Siempre fui un amante de la bicicleta como amateur. Para mí la bicicleta era como el caballo para el paisano. Un día de otoño voy a lo alto de la barranca, donde estaba el monumento al pescador, y miro ese paisaje. Me salió instintivamente y de un tirón: “Se despierta Puerto Sánchez en mi Paraná”. Lo dije para mí y me gustó esa expresión. Ahí nació mi amor por la poesía.

—De todo su repertorio, ¿Cuál es su tema favorito?

—”El carrusel de los días”. Es la canción que más siento por la poesía y la música, aunque la gente piensa que voy a decir Puerto Sánchez, Canción del Jornalero o Puentecito de La Picada. Pero si de estas tres hablamos, la más significativa es Puerto Sánchez. Si hasta los locutores se equivocan conmigo y me presentan como “Jorge Sánchez” que va a interpretar la conocida canción “Puerto Méndez” —concluyó entre risas—.


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