Historias

Santiago, el mozo hermoso

En MIRADOR ENTRE RÍOS buceamos en la historia de Lucas Rossi y su hermano Santiago Riquelme. Un mozo detallista con un pasado de golpes y esperanzas.

21-09-2022 | 22:03
Conrado Berón
redaccion-[email protected]

Lucas Rossi es un exitoso empresario gastronómico que volvió a vivir a su ciudad natal, cuando la muerte de su mamá los tomó por sorpresa. Junto con su hermana Melina, se dedicaron a apuntalar a Santiago y al padre de ambos. Luego falleció su padre y tuvieron que fortalecer este triángulo de amor incondicional que los fines de semana se convierte en una relación laboral tan particular como digna de contar.

Santiago tiene Síndrome de Down y nació en una familia que no le supo o no le pudo dar toda la contención que necesitaba. Después de mucho luchar, la familia Rossi lo pudo adoptar y su vida cambió para siempre. La pérdida de sus padres adoptivos hizo que pase a depender de sus hermanos del corazón. Él es consciente de todo lo que pasó con su familia biológica y con los Rossi. Nunca se le ocultó nada y él lo agradece.

Lucas comenzó con “Pimienta Negra”, el servicio gastronómico más destacado de La Paz, por su calidad e ideas innovadoras. Desde el nacimiento de esta empresa, Santiago andaba metido entre ollas, parrillas y bandejas. Pero como siempre quiere más, quiso ser mozo.

MIRADOR ENTRE RÍOS dialogó con los protagonistas de esta historia de hermandad, amor y fortaleza ante los golpes de la vida.

Inclusión


–¿Cómo y cuando surgió la idea de insertar a Santiago en la empresa?

–Cuando yo me volví a La Paz, luego de manejar un restaurante en Carlos Paz, fallece mi vieja que era la que estaba a full con él y al quedar Santiago a cargo de mi hermana que tenía su vida y con papá trabajando, me volví para dar una mano con la familia que estaba muy golpeada. Santi empezó a compartir mucho conmigo, tenía 10 años y me acompañaba a todos lados. El sociabilizaba permanentemente. Al año arranqué con el servicio y cuando cumplió 18 años lo formalizamos, por así decirlo. Siempre le gustó el contacto con la gente así que decidir en qué parte del servicio iba a estar, fue fácil.

–¿Cómo fue su evolución en las tareas?

–Él es uno de los que más tiempo lleva conmigo, ya que antes de tomarlo como un trabajo, lo hacía por el sólo hecho de acompañarme, veía todo lo que se iba haciendo y así fue aprendiendo. No lo tomaba como un trabajo, pero asimilaba todo. Su evolución es excelente. Le designamos una mesa y él la atiende por completo, sin problemas.

–¿Cuánto se afianzó el vínculo entre ustedes?

–Creo que fue por las dos pérdidas que tuvimos, inesperadas, de un día para el otro. Mi mamá volvía de ver a la Virgen en Salta, vino bailando en el colectivo, estaba todo bien, se bajó del colectivo y le dio un paro cardiorrespiratorio. Santiago estaba muy aferrado a ella. En el caso de mi papá, fueron dos o tres días de internación por lo que al principio era un simple Covid y luego empeoró y se nos fue. Eso hizo que nuestro vínculo se afiance por el hecho de que Santiago tenía que compartir más horas con nosotros. Ya no estaba mamá o papá para dejarlo e irnos a hacer nuestras cosas. Ahora teníamos que llevarlo a todos lados con nosotros. Empezamos a vivir las 24 horas con él. Desde ahí, él se hizo indispensable para mi vida y nosotros para la vida de él. Para mí es un sostén y una batería que siempre te da pilas para ir para adelante.
Hay días de llanto y tristeza, porque se los extraña (acota Santiago).

El centro de las fiestas


–¿Cómo es Santi en el día a día?

–Es una persona maravillosa, como todos los de su condición, si bien tiene sus días de mejor humor y otros no tanto, hay que saberlo llevar y acompañar. Santiago todos los días te enseña algo. Nunca hay que bajar los brazos, no existe la maldad, si estás mal el con una sonrisa te revierte ese momento, lo hace y te enseña a hacerlo. Es muy activo, forma parte del área de discapacidad del municipio y participa en el ballet que ahí llevan a cabo. Viajan a bailar folclore por todos lados. Además, hacen huertas y por la tarde va a un curso de carpintería en la Escuela 48. Cuando no está haciendo eso, siempre está con el mate o buscando para ir a la peluquería para que lo arreglen, que le corten la barba y que lo pongan lindo según él. No para un segundo.

–¿Con quién vive él?

–Vive con mi hermana Melina, en su casa. Ahí tiene su espacio. Ella tiene 39 años y es la que siempre “bancó los trapos” con Santi y con mi viejo, luego de la ida de mi mamá. Ella siempre estuvo a la par de Santiago.

–¿Qué nos podés contar en relación a su trabajo de mozo?

–Te puedo contar un millón de anécdotas. En un casamiento, en los que yo siempre veo poco, porque siempre estoy en la cocina, me di cuenta de que no estaba por ningún lado. Ya se había servido la comida y no encontrábamos a Santi, se nos perdió. No aparecía por la cocina hacía rato. Cuando salgo para ver la pista de baile, lo veo, con todo el cotillón puesto y los novios le hacían un círculo mientras él bailaba y animaba la fiesta.

–¿Cómo ha tomado la gente que le sirva él?

–Como él anda conmigo para todos lados, es muy raro que no lo conozcan, entonces hay un muy buen vínculo entre mi hermano y los comensales. La gente dialoga con él, lo ayudan y siempre lo elogian. En todos los eventos algún comentario recibimos, por ejemplo, sobre que él siempre junta las propinas para comprarse sus zapatillas nuevas. La gente de La Paz, con él, diez puntos siempre.

–¿Sigue habiendo barreras para chicos de su condición?

–Creo que han demostrado ellos mismos que las barreras las ponemos nosotros, ellos no tienen esos dramas. Cada uno hace lo suyo y lo hace bien. Yo no juego a la pelota como Messi, por ejemplo, entonces Santiago algunas cosas las hace muy bien y otras no tanto. Pero eso no es una barrera. Son 100% inocentes, no tienen maldad ni pensamientos negativos. A veces, uno por miedo los sobreprotege pensando en que si puede haber gente que les puede llegar a hacer mal. Ellos van para adelante siempre.

Ejemplo


–¿En la vorágine de un evento, tenés tiempo de verlo trabajar?

–No tengo el tiempo y si lo veo no lo hago con ojos de disfrute o de orgullo, sino que lo veo pensando en que todo salga bien en el servicio. En un evento hay mucha adrenalina en la cocina, entonces no salgo al salón a verlo disfrutar y hacer. Lo tengo que empezar a hacer.

–¿En qué cosas se destaca dentro de un servicio gastronómico?

–Él se destaca en servir la comida y cuando el menú es asado está feliz, porque sabe cómo se hace y cómo se sirve, además que le gusta comerlo. Pero después claramente lo suyo es sociabilizar, estar en contacto con todo el mundo, ayudar y hablar con la gente.

–¿Qué significa él para vos?

–Es la luz que te hace dar cuenta que todo está bien incluso cuando todo está mal. Es el ejemplo que nunca hay que bajar los brazos, saber que tenemos que estar bien y más allá que es mi hermano, es mi amigo. Yo de él no me puedo separar. De hecho, es el padrino de uno de mis hijos.

El protagonista


Santiago también habló con MIRADOR ENTRE RÍOS, y ante la consulta de qué es lo que más le gusta de ser mozo, aseguró: “Me gusta vestirme de negro, todo de negro, los zapatos y la camisa. También me gusta mucho atender a la gente y que me quieran a mí”.

Con mucho orgullo, contó que la gente “me quiere mucho. No me dicen mozo, me dicen hermoso”.

Y confió: “Lucas, es lo más. Lo quiero mucho y es un buen jefe”.
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