Lunes 27.01.2020 | 02:31 hs


29-06-2019 / Martín Mazzucchelli

El humor rosarino

El humorista y locutor Martín Mazzucchelli habla de humor, de su experiencia con el stand up y de sus proyectos.


Gisela Paola Mesa
redaccion@miradorprovincial.com


— El stand up tiene mucho de catarsis y confesión. ¿Hasta qué punto te exponés y te reservás?
— A la hora de escribir los monólogos o empezar a hilvanar ideas para uno, en el que menos pienso es en mí o en lo que expongo de mí, para ser más preciso; normalmente estoy pensando más en lo que pueda generar en el que vea el show. El objetivo es que la persona en su silla, en su butaca, o donde le toque estar, se divierta, se ría, se olvide de sus quilombos diarios (aunque sea por un rato). Si para eso es necesario ridiculizarme, o evidenciar mis carencias, debilidades, o actitudes idiotas, lo hago, y vale la pena. Intento hacer reír y suelo ser la víctima de mis chistes pero no reparo demasiado en qué tanto me expongo. Está todo bien con la cuestión catártica. O en descargar problemas, pero enfrente tengo gente que fue a reírse, y pagó una entrada para eso, si la prioridad es sólo sacarme de encima cosas que me “atormentan”, transformo al público en un auditorio de psicólogos y, en algún momento, me van a exigir que les pague la consulta.

— ¿Cuáles son los ejes temáticos que manejás?
— “Parece difícil pero no es fácil”, el show unipersonal que estoy haciendo, es mi presentación como comediante en sociedad, es el primero (espero que no el último, jaja), por lo que hablo, básicamente, de mí. Cuento quién soy, de dónde vengo. Si bien hace 20 años vivo en Rosario soy de Gálvez, no de Villa Gobernador Gálvez; también hablo de ser padre, de por qué decidí ser locutor. No es una cuestión de egos sino de mostrarle al público quién soy y desde dónde me voy a parar como comediante sobre el escenario para tratar los temas que vengan después. Mostrar mis raíces y cómo me veo a mí mismo, siempre con el humor como intermediario.

— ¿Qué factores se ponen en juego para que un monólogo sea exitoso?
— Si tuviera más certezas sobre esa respuesta, tendría varios unipersonales escritos, muchos premios y un montón de fanáticos haciendo fila para conseguir entradas para mis shows... (se ríe). Yo trato de ser respetuoso del público y de los temas de los que hablo. Tengo más certezas sobre lo que no haría, por ejemplo, en cada situación que se describe, o en la que nos encontramos, hay un débil y un fuerte, un débil y uno que tiene poder. Yo hago chistes o humor riéndome del fuerte, del que tiene el poder en ese momento (aclaro lo de “en ese momento” porque en otra situación el mismo personaje puede ser el que está en desventaja). Si el chiste es sobre el débil, desde mi punto de vista, está más cerca de ser bullyng que humor. Aplica para el unipersonal, donde yo, a diferencia de las personas que están mirando, estoy sobre un escenario y con un micrófono que amplifica mi voz, ahí yo sería el “poderoso” de la situación... y me río de mí. Lo que no quiere decir que no haya un ida y vuelta con el público, jugando e improvisando, pero siempre con respeto y buena onda.

— ¿Cómo fueron tus comienzos?
— Hacía algunos años, un amigo me había pasado un show de Bill Hicks que me partió la cabeza, me generó curiosidad, y dije yo quiero hacer eso. A partir de ahí empecé a consumir más del género, en esos momentos no tenía muchas opciones más que Youtube. Por suerte había gente que se tomaba el trabajo de subir shows completos e incluso, algunos, hasta los subtitulaban, lo que facilitaba las cosas para mi inglés aborigen. (Ahora tenemos plataformas como Netflix donde tenés muchísimos especiales de comedia). Descubrí que prácticamente todos los actores que veía en películas y series -comedias siempre fue lo que más consumí-, habían comenzado o, al menos, tenían shows de stand up. Richard Pryor, Steve Martin, Eddie Murphy, Bill Cosby, Louis C.K., Chris Rock, ¡todos! A finales del 2013, en Facebook, vi que se hacía un taller sobre stand up y me anoté, necesitaba saber cómo era, por dónde se empezaba. Finalmente comencé a hacer stand up en el 2014, en junio. Yo venía de Santa Milonga, una agrupación donde mixturábamos música, con humor y disciplinas circenses. Éramos, en ocasiones, hasta 14 personas sobre el escenario, lo que te permite escudarte detrás de compañeros en algún momento. Por eso quise ponerme a prueba y pasar a ser yo solo sobre el escenario, donde no había lugar dónde esconderse, donde tanto los fallidos como los éxitos dependen sólo de uno. Me encontré, también, con que estabas solo debajo del escenario, o sea, eras el productor, el guionista, el director, el que hacía la difusión. Algunos de esos roles ya los había cumplido en Santa Milonga, por lo que se me hizo más fácil. A partir de ese momento fue sentarse a escribir, seguir capacitándose, armar fechas, convocar comediantes (en un principio nos juntábamos entre 4 para llegar a la hora de show), tratar de generar espacios nuevos, organizar ciclos y, lo más difícil, conseguir que gente que, en muchos casos, ni siquiera sabía de la existencia del stand up vaya a vernos. Así fui creciendo, junto a la popularidad de este estilo de comedia, recorriendo bares, teatros y espacios de Rosario, y otras ciudades, como Santa Fe, Gálvez, Firmat, Casilda, San Nicolás, Villa Gobernador Gálvez, Rafaela, Paraná, Mendoza, Buenos Aires. Aparecieron programas de televisión exclusivamente de stand up en canal 9 de Buenos Aires, en canal 3 de Rosario y tuve la posibilidad de ser convocado. Conformamos Rosario Stand up con otros comediantes de la ciudad e hicimos 7 funciones en el Teatro La comedia de Rosario con una respuesta del público que aún hoy me sigue sorprendiendo. Paro ahí aunque podría seguir, porque aún hoy, después de casi 5 años, puedo considerar que sigo en el comienzo. Falta mucho (espero jajaja) y no te podés quedar quieto.

— ¿Cómo sigue 2019 en cuanto a proyectos?
— Es un año cargado. Voy a continuar presentando “Parece difícil pero no es fácil”, el unipersonal, y otro show de stand up junto a Camilo Orlando llamado “Condenados (al éxito)”, show que reformulamos agregando cosas por fuera del stand up y reestrenamos en febrero de este año en el Complejo Cultural Atlas de Rosario. Volvemos con “Virginia Presenta”, una variete de humor bizarro que tiene su versión política/eleccionaria, “Virginia Presidenta”, en la que comparto elenco con 3 actores enormes como lo son Mumo Oviedo, Tincho Ovando y Juan Pablo Yevoli. En agosto estrenamos la versión en vivo de “El Rock de los Fachos”, una sátira que mezcla música y teatro que, desde hace poco más de un año, venimos haciendo para la plataforma de Instagram, utilizando clásicos del rock y otros géneros, con un humor ácido, para realizar críticas a temas de actualidad y fundamentalmente a ciertas actitudes egoístas o miserables que tenemos como sociedad. Este proyecto lo comparto, también, con Mumo Oviedo, y con Lala Brillos. Paralelamente debemos seguir generando contenidos para las redes.
Hago radio de lunes viernes en Red TL 105.5 junto a Mariano Marizza en “Marizza de Noche”, un programa en el que el humor resulta ser la premisa y la razón, y los jueves en Radio Si 98.9 con “La Hora del Vermut”, equipo con el que también generamos contenidos para la web, hacemos el “Chef Guevara y sus recetas para la crisis”. La idea es comenzar a armar el segundo unipersonal, si me queda algo de tiempo, porque además debo ser también padre de familia, jaja. También tengo una vida fuera de los escenarios.

Hacia un mapa de ruta para hacer reír

— ¿Existen patrones específicos para hacer reír a la gente y que podamos aplicar como “mapa de ruta” a la hora de crear material humorístico? ¿Cuáles son?

— Muchas cosas son las que debemos tener en cuenta a la hora de armar un show. Hay un desarrollo del personaje escénico, una actitud, desde donde me paro para tratar los diferentes temas que elijo. Para escribir chistes hay estructuras, premisa y remate, planteo la situación y le doy una salida graciosa, inesperada; el humor es sorpresa, es romper la sucesión lógica de los eventos, poner algo donde no va. Para eso contamos con diferentes “gags”, diferentes estructuras que nos permiten acomodar las palabras para que “el chiste” sea más eficiente, para generar una expectativa y romper con lo que todos suponemos que va a ser el desenlace. Por ejemplo, suelo contar que “hago comedia, también canto y que en estos últimos años comencé a pintar cuadros”, la lógica nos lleva a asociar estas actividades con el arte (actuar, cantar, pintar), pero remato con un “así que si alguien tiene interés en restaurar su bici vieja... los presupuestos son sin cargo... y tengo chistes peores (se ríe). Entre los tipos de gags tenés diferentes formatos. Comparación (Ir a Mc Donalds y pedir una ensalada es como ir a un prostíbulo y pedir un abrazo), exageración (Ronco tanto que se me quejaron los del Aeropuerto), Oneliners (chiste corto, en un renglón) y muchísimos más, los pueden ver a todos en el libro “Stand Up” de Guillermo Selci, un colega de Buenos Aires que se tomó el trabajo de recopilar material, consejos e información, que resulta sumamente útil para comenzar a incursionar en la escritura humorística. Para armar el show algunos tienen un guión que respetan de principio a fin, otros tienen el material armado por “bloques temáticos” que van acomodando y reacomodando, a veces, durante el mismo show dependiendo del tipo de público, del lugar, de la energía que hay esa noche en el ambiente. Siempre hay que tener en cuenta lo que pasa en el momento del show, y aprovecharlo, ya sea un comentario de un espectador o un mozo al que se le caen algunas copas, nada debe ser ignorado, porque si no se pierde espontaneidad y naturalidad.
Algo que resulta fundamental, para mí, es que las cosas deben sonar como si fuese la primera vez que las digo, se me ocurrió en ese momento, mientras conversaba con el público.

— ¿Qué diferencia a alguien gracioso de alguien capaz de generar carcajadas en la gente y cómo podemos pasar de una cosa a la otra?
— Creo que la diferencia fundamental radica en la aplicación de todos los recursos que nombrábamos anteriormente. Muchas veces lo que resulta gracioso en un grupo, no lo es para el afuera. Ese grupo cerrado de amigos conoce al “personaje” que lo está contando, le tienen aprecio, e incluso pueden tener expectativas acerca de lo que puede llegar a pasar en la historia, pueden predecir una manera de actuar en el protagonista. Para alguien ajeno al grupo, que no cuenta con toda esa información la misma anécdota que generó carcajadas en este ambiente cerrado, no le puede mover un pelo. La manera de pasar una cosa a la otra es capacitarse, leer los libros que hay, hacer talleres, sumar recurso de otros estilos de humor y de teatro, ver mucha comedia en videos o en vivo, sobre todo en vivo, escribir material, subir a un escenario, probar material, reescribir lo que no funcionó, analizar por qué no funcionó, compartir escenarios con otros que tengan más experiencia, filmarse o grabarse y después mirarse y escucharse. Básicamente, laburar, “profesionalizarse”, comprometerse con lo que a uno le gusta o quiere hacer y mejorar cada día. No es algo que tenga un fin...

— ¿De qué manera influye el tipo de público en tu preparación y en la selección de un tipo de material u otro?
— No se puede prever demasiado, hay algunos parámetros pero que muchas veces terminan siendo prejuicios. Recién tenés certezas del tipo de humor que les puede gustar cuando estás sobre el escenario y vas viendo con qué se ríen más o con qué se ríen menos y a qué reaccionan. Por ejemplo, podés segmentar a grandes rasgos y con datos duros, rango etario, o esa la edad, pero no resulta determinante. Suelo conversar al principio de los shows con el público para poder intuir por qué lado ir, pero creo que lo que determina que se rían o no es cómo mostrás el personaje escénico, cuando les decís “desde este lugar voy a hablar”. Si ese personaje los convence, les genera empatía, se van a reír, sobre todo si se hace con respeto, respeto al público y al tema con el que vas a intentar entretener.




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