En la capital provincial

El último resguardo del sol, en el barrio Anacleto Medina

Al sudoeste de Paraná se encuentra uno de los barrios populares más habitados de la capital. Lleno de vida e historias, Anacleto Medina se impone como uno de los lugares donde a pesar de la pobreza se intenta vivir con alegría. Muchas personas hicieron posible la utopía de un mejor lugar y hoy en día se mantiene a través de organizaciones e instituciones locales.

El barrio está rodeado de cuestas y resguardada por una laguna escondida.
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21-09-2022 | 19:45
Nicolás García
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Como último bastión del sudoeste paranaense, el barrio Anacleto Medina puede jactarse de tener una de las vistas más hermosas del atardecer, cuando el sol cae y todo se pone naranja en el horizonte delineado por la laguna que se esconde entre cuestas y pajonales.

Allí se aferran al último sol de la capital entrerriana porque saben que deben esperar hasta la otra mañana y que, por tener el privilegio de esos cielos vespertinos, son los últimos en recibir los primeros rayos del amanecer. Entre gallos y muchas especies de pájaros, el día despunta tranquilo y de a poco empiezan a salir los niños y niñas para la escuela, los adultos para el trabajo que llenan las paradas de colectivos para tomarse el “3” o el “7” y los adultos mayores rumbean a comprar alguna verdura o el pan como excusa para quedarse a charlar con algún conocido.

A partir de las 8 en el barrio queda poca gente, porque muchos de ellos trabajan en otras zonas de Paraná. Los que tienen suerte volverán al mediodía, pero otros tantos recién llegarán al final de la tarde.

El día continúa y entre cascos de caballos, el paso de una ambulancia rumbo al Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) Humberto D’Angelo o las frenadas y salidas de los colectivos la vida sigue para los anacletenses, como le dicen algunos, o los anacleteros, como tantos otros.

La división es algo habitual para este barrio y sus habitantes lo traen desde que nacen, porque en este punto de Paraná la naturaleza, la geografía y la cultura se mezclan y suman a esta segmentación. Anacleto Medina se divide, oficialmente, en dos partes: el sur y el norte. Estas dos zonas están delimitadas geográficamente por la conformación natural del territorio que se caracteriza por una serie de cuestas y son las que cortan las calles Los Jacarandaes, Los Chanas, Ceferino Namuncurá, Los Yaros, Padre Cacho Ciuffo y Los Minuanes las que limitan el Norte y el Sur.

Más allá de las diferencias, la rutina continúa y acercándose ya al mediodía la circulación de personas toma un nuevo ritmo. La plaza Juan José Valle se llena de padres, madres, abuelas y tíos que van a buscar a los alumnos que salen de la Escuela N° 22 San Antonio María Gianelli y de la guardería que se encuentra del otro lado de la plaza. Las paradas de colectivos vuelven a llenarse, pero esta vez cuando llega el transporte son muchas personas las que bajan de la parte de atrás para ya dirigirse a su casa. Llegando la siesta las calles se llenan de gurises pateando una pelota, jugando a la escondida o a la cachada y que cada tanto frenan por el paso de un auto. Igualmente este horario sigue siendo tranquilo, hasta la media tarde en la que los griteríos de niños que se encuentran entre ellos comienza a subir de nivel como así también las cumbias que un vecino pone en su casa y musicaliza a toda la cuadra.

En Anacleto Medina se vive así y aunque los niveles de pobreza son altos las personas que allí viven tratan de andar con una sonrisa y con fuerza y voluntad para superarse día a día. Esto no quita que los hechos de violencia no ocurren, porque sí pasan y lamentablemente son muchos y graves, pero no es solo eso lo que los anacletenses/anacleteros tienen para contar y tampoco debe ser lo único que se cuenta de ellos.

Son muchas las historias que se pueden transmitir y muchas las personas que se pueden nombrar como constructoras de este barrio que se empezó a poblar en cantidad a principios de la década de 1960 al mismo tiempo que el San Agustín daba sus primeros pasos. Los vecinos con más años en la zona cuentan que más allá del puente blanco de calle Ameghino todo era monte y baldío y que poco a poco se fueron construyendo casas y se instalaron familias. Gran parte de los primeros habitantes de Anacleto provenían de Puerto Viejo luego de una de las inundaciones que hizo que muchas personas deban abandonar sus lugares y desde el municipio se les brindó un techo en donde hoy se encuentra el barrio.

Historias y vidas


A pesar de lo cotidiano y rutinario, hubo personas que hicieron de esta zona de Paraná un lugar mejor. Una de ellas fue Alcira Rausch, más conocida como la Hermana Rita, que nació en Aldea Santa María, se formó en España pero que siempre se sintió de Anacleto. Como parte de la Congregación de las Hijas de María Santísima del Huerto en Paraná, a principios de la década de 1960 se le encomendó la construcción de una escuela, que en un primer momento se emplazó en las cercanías de la Comisaría 9° pero que luego se instaló en un predio propio en calle Los Yaros, frente a lo que hoy es la plaza principal, donde se construyó la escuela que en un primer momento se llamó San Martín de Porres pero que luego pasó a tomar el nombre del fundador de la congregación a la que la hermana Rita formaba parte, Antonio María Gianelli.

Pero no solo que la construyó, sino que también fue la primera directora e hizo posible que muchos chicos puedan tener una formación educativa gracias a su insistencia en que concurran a la escuela a pesar de que eso significara ir casa por casa en búsqueda de los estudiantes. Hoy en día y desde 2012 es ciudadana destacada de Paraná.

Así como la hermana Rita, son muchas otras personas las que hicieron y hacen posible que la vida en Anacleto sea un poco mejor. A través de generaciones siempre hubo una persona que se puso al hombro una institución, ya sea de salud, como el CAPS, educativa como el Instituto Secundario de Gestión Social D-242 Pablo de Tarso, la Escuela de Educación Integral N° 21 Gloria Ortiz de Montoya o la ya nombrada escuela Gianelli, o deportiva, como los clubes San Miguel del Sudoeste o Ciclón del Sur.

Actualmente son las organizaciones quienes llevan adelante un trabajo mancomunado y colectivo, a través de una copa de leche, una vianda de comida o un espacio para infancias, adolescencias y adultos mayores. De a poco la tarde en Anacleto va cayendo, los niños vuelven a sus casas llamados por sus padres que ya volvieron del trabajo, los colectivos pasan con menos frecuencia y el sol ya no saldrá hasta la mañana siguiente, pero ahora es tiempo de la luna que por el este se asoma entre las casas y edificios que se ven a lo lejos y empieza a iluminar, un poco menos pero con gran intensidad.
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