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08-10-2019 / La investigadora expuso en Paraná

Barrancos, una palabra mayor que enaltece la lucha feminista

La investigadora y socióloga feminista Dora Barrancos visitó la ciudad de Paraná en el marco de ciclo “Latinoamérica en clave de género. Análisis en el contexto actual, desafíos y tensiones”. La actividad fue organizada por el Instituto de Estudios Interdisciplinarios en Comunicación, Educación y Género (Inesi) y pensada para reflexionar sobre la importancia de la historiografía de las mujeres y su búsqueda de autonomía.

Guillermina Ferraris
redaccion-er@miradorprovincial.com

Los aportes de una pensadora como Dora Barrancos sobre las cuestiones que marcan nuestra contemporaneidad, abren el juego y habilitan un deseo de compromiso entre saber y militancia. Antes de mencionar algunos de los ejes que tocó la invitada de honor, es menester detenerse un pequeño instante para hacer un breve repaso por su trayectoria: ella es doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional de Rosario, socióloga, historiadora e investigadora, máster en Educación, directora de la Maestría y el Doctorado en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Nacional de Quilmes, ex directora del Conicet en representación de las Ciencias Sociales y Humanas, y autora del libro “Mujeres en la sociedad argentina. Una historia de cinco siglos”. También es candidata a senadora porteña por el Frente de Todos.

Un centenar de personas esperaban ansiosas en el patio de la Casa de Cultura la llegada de Dora al escenario. El pañuelo verde atado a la muñeca ya es un símbolo clásico y parte de su vestimenta esencial cuando habla en público. La especialista en Políticas Públicas Celeste Ledesma y Victoria Retamoza, profesora de Historia, ambas parte de Inesi, fueron quienes acompañaron la conversación proponiendo distintos disparadores.

Como era de esperarse, para dar inicio al conversatorio, Barrancos hizo una profunda revisión por el pasado, presente y futuro del movimiento político más potente de los últimos años: la marea feminista. Desde la irrupción de la perspectiva de género en las últimas décadas del siglo XX en las Ciencias Sociales, hasta el auge que se dio en nuestra región a partir de las luchas recientes de los feminismos que se oponen a la insistencia sobre el concepto de “ideología de género” y sus implicancias políticas.

Consultada por las panelistas acerca de su último libro sobre feminismos latinoamericanos, la socióloga confesó que dicha producción fue una de las tareas más difíciles que encaró como investigadora. “Me llevó dos años la recopilación de fuentes y bibliografías. Forma parte de una colección titulada “historia mínima del feminismo en América Latina”. Es muy común que las y los oficiantes de historia te reconozcan que en la medida que están investigando hay una transformación del sujeto que investiga. A mí me ocurrió lo mismo, porque he aprendido muchísimo de la historia de los movimientos feministas”.

Buen clima

La conversación se iba tornando cada vez más cercana, a menudo bromeaba con cuestiones partidarias pero rápidamente volvía al eje de la cuestión: estrategias para lograr la igualdad. En la búsqueda de un horizonte posible, Barrancos planteó cuatro dimensiones fundamentales para concretar la equidad: primero, parar la violencia hacia las mujeres; segundo, lograr la participación idéntica de mujeres y varones en tareas domésticas y profesionales (que no haya especialidades feminizadas o masculinizadas); en tercer lugar, la paridad en la representación de la ciudadanía en órganos parlamentarios y en todas las instituciones. Y por último, la soberanía de los cuerpos: “Necesitamos este derecho”, dijo levantando su pañuelo. Un estallido de aplausos dio cierre a su intervención.

Otro de los disparadores propuestos por las organizadoras giró en torno a los cambios que significó el movimiento feminista en el campo de la historia. Barrancos explicó que hace unos 50 años atrás ocurrió una cuestión importante: las mujeres decidieron emprender las historiografías de otras mujeres. La historia social, que tiene su cauce en los años ´20, es la categoría que abarca la historia de las subalternidades. Significó un punto de inflexión porque comenzaron a estar en la historia las personas que nunca habían estado en ella.

Desandando los caminos de la historia oficial, Barrancos realizó un repaso por los movimientos de mujeres y disidencias, atravesando varias figuras y problematizando las relaciones de género. Desde sus orígenes a inicios del siglo XX, pasando por la lucha por el voto femenino, el reconocimiento político y la lucha contra la violencia doméstica, hasta el reclamo que reúne hoy a la casi totalidad de las activistas feministas: la legalización del aborto.

INESI

Para comprender la premisa de esta actividad, se vuelve muy necesario poder analizar de dónde proviene la iniciativa: Inesi es un espacio que nació con el objetivo de incidir, proponer y disputar sentidos en la construcción de una realidad plural, respetuosa, diversa y desde un enfoque multidisciplinario. Se enfoca en reflexionar sobre los dispositivos culturales que sostienen nuestros imaginarios, prácticas y matrices, contribuyendo al proceso de actualización de conocimientos científicos de las disciplinas sociales y humanas desde la perspectiva de los Estudios de Género.
El interés principal es colaborar en el proceso de construcción y participación política que vienen llevando a cabo distintos movimientos sociales (feminismos, disidencias de género y sexuales, ecologistas, etc), aportando una mirada crítica y produciendo conocimientos específicos de divulgación relevantes para la comunidad, con validez científica, solidez teórica y profesional.
En diálogo con MIRADOR ENTRE RÍOS, las organizadoras explicaron que “la perspectiva sociológica que aportan pesadoras como Barrancos resulta fundamental a la hora de analizar el contexto latinoamericano actual. El avance de la derecha en Brasil y en otros países, genera estado de alerta y necesidad de pensar acciones concretas de defensa. En esa línea, nuestra idea fue poner el eje en los desafíos que tenemos por delante: alianzas y definición de una agenda de políticas públicas justas que dé respuestas reales y sostenibles a las demandas del movimiento de mujeres, de los feminismos y de las disidencias”, finalizaron las integrantes de Inesi.

Hacia el final del conversatorio, se fue haciendo más palpable la marcada huella que viene dejando el movimiento feminista en nuestro suelo. Dora Barrancos reflexiona y advierte que sus efectos se miden por las transformaciones que produce en las subjetividades que habitan el territorio. Según la pensadora, el foco tiene que estar puesto en el reconocimiento y la adquisición de nuevas sensibilidades y sentimientos sobre la propia existencia, en el salto formidable que significa dejar el sometimiento y conquistar, con la autonomía, planos de mayor dignidad.

Dora, una mujer singular

No exageran quienes aseguran que Dora Barrancos es una especie de arqueóloga de los feminismos, en el sentido de que forma parte de un grupo de pioneras –mujeres hoy mayores, valiosas- que se animaron a dibujar los primeros trazos de una línea de investigación que hoy ha ganado fuerte visibilidad a partir de las multitudinarias marchas, en todos el país.

Esta socióloga e investigadora –ya retirada del Conicet-, emergente de la tradición académica argentina, es voz autorizada para referirse al rol de las mujeres en la historia argentina.

En alguna entrevista contó que ya leía de corrido a los dos años de edad, que se hizo peronista con Operación Masacre, la investigación de Rodolfo Walsh, y que con el crimen de la brasileña Ángela Diniz, se volvió feminista.

No conviene hacer caso a su aspecto de tierna abuelita dedicada a sus nietos. La actividad de barrancos es sorprendente: a sus 79 años recién cumplidos, hay semanas en las que todos los días está brindando algún seminario.

Nació en 1940, en Jacinto Aráuz, un pueblo de La Pampa. En su familia, la palabra política era común, como el pan. Su madre, ama de casa, de religión valdense, era una dedicada lectora. Su padre era maestro y director de escuela. “Mi padre, conviene siempre distinguir, era antiperonista pero no era gorila. Son cosas diferentes ─ha aclarado Barrancos─. En mi casa no había desprecio por las clases populares. Mi padre era un fragoroso militante por los derechos. Tuvo una actuación muy directa en la lucha antifascista, por ejemplo. De su conducta emanaba la idea de la justicia social. Eso le venía del liberal socialismo, de un antecedente importantísimo en la familia, que era mi tía.

En algunos pliegues de su memoria emotiva se refugia el hecho de que Leonilda Barrancos, hermana mayor de su padre, había egresado de la Escuela Normal de Paraná, una de las instituciones más importantes de la época, y era muy distinguida intelectualmente. Fue una reconocida figura del Partido Socialista y una de las pocas candidatas mujeres que llevó el partido, en 1951, por la Ciudad de Buenos Aires.

Cuando le preguntaron por su permanente actividad, en distintos puntos del país, Barrancos admitió que “eso es un misterio en el cielo y en las tierras, pero más o menos se descongestiona o se puede dilucidar de la siguiente manera: tengo una reserva grande”. Luego, se explicó. “Es como si tuvieras grandes depósitos de combustible, entonces ponés en marcha los motores y ahí los combustibles van respondiendo. Tengo mucho acopio, querida. Porque he investigado mucho”.


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