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19-05-2020 / Entrerrianos destacados

Miguel Martínez, artesano musical del monte y el río

La cultura de una ciudad que mojaba sus pies en el río impregnó el canto paranasero de Miguel Zurdo Martínez. Su talento para ejecutar la guitarra y para componer, pulido con sistemático afán, lo fue convirtiendo en un referente, que trasciende los paisajes del monte y la isla.

Redacción Mirador Entre Ríos
redaccion-er@miradorprovincial.com

Guitarrista, cantor y compositor, Miguel Zurdo Martínez nunca se acostumbró a la Paraná bulliciosa, de nerviosas aceleradas, desquiciados bocinazos y frenadas repentinas, que un extraño fervor por la proliferación de vehículos motorizados de todo porte fue convirtiendo en paisaje sonoro habitual.
Era un embajador itinerante de una ciudad que iba dejando de existir, la de los que salen a la calle a encontrarse con amigos y conocidos, no sólo a evitar gente o a caminar ensimismados en las pantallas de sus teléfonos celulares.

Él siguió viviendo, contra toda evidencia material, en el barrio La Ranas de su infancia, cerca de 25 de Mayo y Cura Álvarez, incluso muchos años después de que todo ese espacio fue rellenado y le hicieron crecer formidables edificios de los cimientos. “Yo nací en el año 40; mi casa estaba en calle San Luis entre La Paz y Colón; cuando tenía tres años nos mudamos a calle Rosario del Tala, allí estuvimos poco tiempo y después vivimos en la cortada Piedrabuena”, recordaba, con una sonrisa nostálgica.

El Zurdo nació el 12 de febrero de 1940 y creció en un hogar de trabajadores, donde nada sobraba, pero en el que el folklore ocupaba un lugar relevante gracias a la extendida presencia de la radio, como en tantas casas de aquella época.

“Mi padre llegaba del banco como a las dos de la tarde, a esa hora ya había terminado de hacer la tarea de la escuela; así que preparábamos el bolso del mate y marchábamos al rancho en Puerto Sánchez”, reparaba, para que quede claro que lo suyo con el río Paraná venía de lejos. “A la amistad con Linares Cardozo -o Rubén Martínez Solís, como se llamaba- y con Marcelino Román me la legó mi padre. Mi mamá y mi papá terminaron de estudiar de noche, en la Universidad Popular Elio C. Leyes; ellos eran militantes del Partido Comunista pero después Polo (por Juan Hipólito, su padre) adhirió al proyecto de Perón de su primera presidencia, como tanta gente durante esos años”.

Le gustaba conversar a Martínez, en su casa, en cualquier vereda, en toda ocasión. En un rancho y en la isla, además se le daba por cocinar, cantar y compartir. Pero el silencio de esos lugares no lo aturdía. Él se jactaba de conocer el pulso de ese entorno maravilloso. “El río tiene su música, pero no cualquier música”, advertía.

Un toque propio

Carlos Aguirre supo cultivar la amistad con Martínez. “Era un toque distinto el del Zurdo, con toda la ‘tierrita’ necesaria para abordar la música de raíz folclórica pero en diálogo con un ‘guitarrismo’ académico”, subrayó el “Negro”, notable pianista, compositor, arreglador y cantante. Para él, de esa referencia de la guitarra académica “surgía, probablemente, la inquietud de gestar maneras más cuidadas de acompañar su voz o de concebir piezas instrumentales para guitarra solista y siempre con todo el paisaje sonando, con su amado islote frente a la ciudad, con su canoa, con su mirada profundamente social de la vida y tantos otros desvelos que sonaban en su guitarra”.

El artista paranaense refirió también que “a quienes tuvimos la suerte de estar cerca suyo nos regaló generosamente la posibilidad de conocer a gente como Aníbal Sampayo -su amigo entrañable- y el Chacho Muller, que inmediatamente despertó en todos nosotros gran admiración por lo particular de sus canciones”.

Destacó Aguirre que “lo consulté en innumerables situaciones sabiéndolo un conocedor y melómano de toda la música argentina y siempre se prestó con hermosa actitud al encuentro y los mates para despejar mis inquietudes”.

Ante una consulta, se hundió en una evocación. “Recuerdo especialmente dos experiencias que son imborrables en mi corazón. La grabación del disco ‘De antiguo vuelo’ de Aníbal Sampayo en la cual tuve la inmensa dicha de participar, (los ensayos y toda la preparación de ese repertorio); y el Homenaje a Atahualpa Yupanqui que gestamos a trío junto al querido Walter Heinze y que felizmente pudimos hacer en varias oportunidades y claro, los ensayos y los viajes eran para mí momentos mágicos que voy a atesorar toda la vida”.

Amigos y referentes

El Zurdo estudió guitarra con los maestros Juan Echayre, Jorge Martínez Zárate, Enrique Núñez y el ya citado Walter Heinze. Con el oriundo de Crespo además, tejió una fuerte amistad y un compañerismo sólido que se tradujo en intenciones artísticas confluyentes, como la de musicalizar poemas de escritores entrerrianos.

En confianza, envidiaba el toque de Eduardo Falú y Atahualpa Yupanqui. Y, con la misma simpleza, tocaba con Carlos “Negro” Aguirre o Aníbal Zampayo y se quedaba escuchando y aprendiendo de colegas que tenían edad como para ser sus hijos.

En su propia canoa se internaba en el río. Le encantaba el rítmico ruido del remo hundiéndose en el agua. Allá, en short de baño y musculosa, de entrecasa, intentaba extraerle las mismas líneas a su guitarra que le significaban largos aplausos en reconocidos escenarios. Le gustaba Bach al Zurdo, el tango y el jazz.

“Cuando yo era joven había encuentros familiares amistosos, guitarreros, espacios que se fueron abandonando”, señalaba, cuando se le preguntaba por aquella cultura de la que los artistas populares brotaban con tanta fuerza. “Hemos perdido una partida brava frente a la máquina de los consumos masivos vinculados a la música”, reparaba. Autodefinido como militante político, no partidista, no ocultaba sus ideas. “Menos para la guitarra, soy zurdo para todo”, decía, mitad en serio y mitad en broma. “Lo que está pasando es parte del sistema económico en el que estamos viviendo; para mí no existe un capitalismo humanizado, sólo un capitalismo a secas”, proclamaba. “El mayor afectado de esta forma de ver el mundo es el medio cultural aunque es donde menos se ve: el consumismo no nos contiene a quienes queremos hacer música dignamente”, se quejaba. Luego de paranasear largo y tendido, falleció el 12 de enero de 2011.
Martínez aparece en varias entrevistas televisivas y en los filmes “El río suena” y “El Zurdo”, de Claudia Regina Martínez. “Zurdo: la vida y el canto ‘paranasero’ de Miguel Martínez”, de Juan Manuel Alfaro, es un libro que lo tiene de protagonista, editado por la Editorial de Entre Ríos.


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