Invento

La reforma Arlotti: de La Paz al mundo

La creatividad y el tesón de un inventor aficionado solucionaron el problema de manejo que tenían unos tractores importados de los Estados Unidos. MIRADOR ENTRE RÍOS te cuenta la historia de Juan Daniel Arlotti y su reforma.
30-12-2022 | 15:40

Actualmente, el dispositivo para tractores se fabrica en Firmat, provincia de Santa Fe.
30-12-2022 | 15:40
En el año 1958 comenzaban las importaciones de tractores diesel a la Argentina, ese mismo año, el paceño Juan Daniel Arlotti logró que se le conceda la representación de John Deere, la empresa fabricante de tractores de los EE.UU. El primer tractor que llegó a este país fue el modelo JD 730, un vehículo de motor diesel horizontal y de características muy avanzadas para la época, pero con un problema de diseño que, de inmediato, se evidenció como un severo condicionamiento para los hábitos y costumbres de conducción de los tractoristas argentinos.

El tema era que el tractor en cuestión tenía embrague manual y el motor horizontal hacía muy complejo instalar un embrague tradicional (en el piso). Los diseñadores e ingenieros de la empresa habían encontrado como solución colocar un embrague a palanca, lo que agravó las dificultades, pues al operador no le alcanzaban las manos y esto producía una conducción muy errática.

Arlotti (1916-1991), como concesionario, comenzó a vender el tractor gracias a su conocimiento del rubro y además a las prestaciones que tenía el vehículo, pero recibía comentarios negativos en la post-venta. Allí comenzó una historia que recorrió el mundo y su “reforma” se conoció y vendió en muchos países.

MIRADOR ENTRE RÍOS dialogó con Erardo Arlotti, uno de los hijos de este inventor autodidacta que dejó su huella en todo el mundo.

La solución


–¿Cómo nació la idea de agregarle el suplemento a los tractores, por parte de tu papá?

–Cuando empezó a recibir críticas por parte de los productores que tenían que maniobrar el volante y a su vez accionar el embrague con las manos, lejos de amilanarse, nuestro padre se abocó a la solución de este inconveniente. La idea era inventar un kit adaptativo que convirtiera a este tractor de características sumamente ventajosas por su economía y equilibrio, en una unidad de conducción tradicional, y así, con la base del proyecto de nuestro padre nos dedicamos a tallar los modelos de los distintos componentes del kit para su posterior fundición y maquinado para realizar las pruebas de funcionamiento y durabilidad. Así nació la Reforma Arlotti para el embrague de John Deere 730 conocida en todo el país, en México y los EEUU.

–¿Cómo fue ese viaje a los Estados Unidos para mostrarles la adaptación?

–En el año 1971 llevé, a solicitud de los directivos de John Deere Argentina, los planos de la reforma que estábamos comercializando aquí, a la casa central en Rock Island, Minneapolis Moline (Illinois) de los EE.UU. En los comentarios de los integrantes de la oficina de diseño manifestaron su asombro por la simpleza y efectividad de la solución encontrada, pero, lamentablemente ya hacía un año que ese modelo había cesado en su producción en los EE.UU. y sólo se seguía fabricando en la Argentina. Por el tiempo que tardaban en llegar los nuevos modelos, había 20 mil unidades JD 730 en el país, de los cuales la mayoría funciona todavía. Para reafirmar el contenido de este comentario solo basta poner en Google “Tractor John Deere con reforma Arlotti” y podrán ver la trascendencia de este invento paceño del que nos sentimos orgullosos de haber participado.

Vigencia


–Teniendo en cuenta la gran cantidad de tractores que aún hoy siguen funcionando ¿Se sigue fabricando la reforma?

–Actualmente se sigue fabricando en Firmat, provincia de Santa Fe, a cargo de un primo nuestro, llamado Sergio Arlotti. Cuando cesó la actividad de nuestra pequeña fábrica aquí en La Paz, por la imposibilidad de traer materiales y realizar la distribución de los productos terminados, recuérdese que en esos tiempos no había ni asfalto a Paraná ni Túnel Subfluvial para pasar a Santa Fe, mi padre –renuente a abandonar la actividad– decidió trasladar el proyecto a aquella ciudad santafesina donde vivía su hermano mayor, Leopoldo, y sus sobrinos, quienes se hicieron cargo de seguir con la fabricación, mientras que desde La Paz se realizaba la administración y venta. Con el tiempo y en razón del fallecimiento de nuestros primos, se centralizó todo en Firmat donde quedó todo en manos de Sergio, hijo de nuestro primo Héctor Arlotti.

–¿Cómo era tu papá?

–Nuestro padre no tenía estudios, era un autodidacta nato, apasionado de la física, las matemáticas y todo aquello con lo que se le facilitara la invención de máquinas y herramientas que facilitaran el trabajo al ser humano; fue productor agropecuario, industrial, comerciante, pero su inclinación primigenia eran los inventos de máquinas y herramientas. Su primer invento lo concretó en el año 1954, patentó el sistema y registró la marca y fue la “Bomba Fumigadora Arlotti”, elemento muy eficaz para combatir la hormiga argentina que asolaba gran parte del territorio nacional; se vendió en todo el país y algunos países limítrofes como Uruguay y Paraguay, esto dio lugar al nacimiento de la empresa metalúrgica Arlotti, radicada en nuestra ciudad donde también se fabricó la primera máquina de procesar la semilla de tártago (también invento de nuestro padre) y a pedido de una empresa acopiadora de cereales de nuestra ciudad conocida durante años como Santa María Vanazco y Cía.
Allí también se fabricaron las primeras sembradoras y cultivadoras combinadas de maíz, sorgo, cualquier tipo de porotos (incluida la soya/soja desconocida en aquellos tiempos por los agricultores de esta parte de América) y algodón; se fabricaron tres modelos.

Una quijotada


–¿Qué significó la reforma para la familia Arlotti?

–La reforma del embrague JD 730 fue tal vez lo que tuvo mayor trascendencia de las actividades de la familia en el plano de las actividades industriales, porque estaba involucrada una marca global como es John Deere, con una enorme cantidad de usuarios en todo el mundo y que alguien de un pequeño pueblo se atreviera a meter manos a una parte vital del diseño de fábrica era cuanto menos una quijotada, que fue tomada muy bien por los usuarios ya que el 730 era por entonces un emblema de la marca.
 
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