¿Qué mira el ojo de los que fueron quemados?

Claudia Piñeiro abrió la Filros reclamando fin al ecocidio "en una ciudad aquejada"

La reconocida escritora porteña Claudia Piñeiro inauguró la Feria del Libro de Rosario con un discurso comprometido donde repasó "las urgencias de los índices de violencia y pobreza" en una ciudad "aquejada por el narcotráfico, el crimen organizado y la crisis ambiental". Repasó fragmentos de la Ley de Humedales, palabras urgentes de reclamos y destacó autores locales y de la región como recurso para que "nos salven sus palabras".

Discurso "potente". Piñeiro abrió la nueva edición de la Filros en una colorida explanada del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa. Foto: Marcelo Manera.
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09-09-2022 | 16:12
Hagar Blau Makaroff


Se esperaba en la apertura de la Filros un discurso de mirada crítica social por parte de la autora de "Betibú" y "Las viudas de los jueves", luego de haber adelantado ella en medios nacionales que no le resultaba fácil escribir su discurso para un evento cultural en esta ciudad con altos índices de inseguridad, y luego de un discurso histórico de reclamos gremiales de su colega Saccomanno en la apertura de la Filba.

Pero entre las problemáticas que enumeró y que son la agenda dura que aqueja a rosarinos y a la región, eligió la conciencia ambiental, y desgranar (con argumentos de gran altura) el problema de las quemas del humedal y reclamar la Ley de Humedales consensuada, en carácter de urgencia.

Una colorida explanada del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa con rombos y decorados, asientos de cemento con forma de libro abierto, reposeras de madera y foodtrucks recibieron al público en una ventosa jornada de jueves en el comienzo de una fiesta de 10 días en torno a la industria literaria.

El intendente Pablo Javkin y luego el presidente de la Fundación El Libro, Ariel Granica, presidieron el acto de apertura de este evento que se diferencia de la enorme Filba por ser este un evento de carácter público, levantado con recursos del Estado local y de carácter gratuito. En ese sentido Javkin destacó en su discurso que "las primeras ferias de la historia eran exclusivas para unos pocos letrados. Esta feria es de puertas grandes y abiertas, porque el acceso a la lectura y al conocimiento es un derecho innegociable. Y es una apuesta federal para que el interior del país tenga la oportunidad de conocer y escuchar a autores y autoras de primer orden durante estos 11 maratónicos días".

En tanto que Granica destacó "una tradición editorial y de librerías rosarinas cuyas fuerzas hoy nutren y alimentan con su esfuerzo esta feria. Ese esfuerzo que es también sinónimo de persistencia". Y recordó que en 2018 la Feria de Rosario regresó luego de un paréntesis de una década, y entonces llegó la pandemia que la forzó a otra pausa de dos años. Por eso, desde la Fundación El Libro de inmediato nos pusimos a disposición para acompañar la firme decisión de las autoridades de la ciudad de Rosario para retomar esta fiesta de los libros".

Luego fue el turno de Piñeiro, quien dedicó su discurso al rosarino fallecido Gerardo Rozín, y leyó estoica en medio de remolinos de vientos y reconoció la libertad que le fue concedida. Pero entonces reconoció cierta parálisis que le generó el miedo a la exposición que conlleva abrir un evento de esta talla en un contexto de violencia social alto, por la crítica pública que podía generar luego, y eligió para superar el miedo, quedarse con la urgencia: "Temor concreto a que lo que una elige decir moleste a personas o a determinados intereses y eso dispare una serie de agresiones posteriores, por diferentes vías y de diferente intensidad. Se escribe con el cuerpo, y las agresiones se sienten en el cuerpo. En la actualidad, cuando se supone que no existe censura, vemos a diario cómo opera el "miedo a decir", limitando el propio discurso. Por eso lo primero que hay que hacer para poder ejercer el acto de escribir y hablar con libertad es relativizar el temor. Poner por encima del temor algo que lo supere, que lo haga pequeño. Y ese algo puede ser la urgencia".

Y al desgranar "cuál es la urgencia en esta ciudad preciosa donde viven amigos y con una importante vida cultural, pero también con altos índices de violencia, de pobreza y aquejada por el narcotráfico, el crimen organizado y la crisis ambiental". Con esta introducción marcó el tono de un discurso en el que equilibró entre citas de grandes autores conectados con el Litoral como Juan L. Ortiz y Selva Almada, fragmentos del contenido del durmiente proyecto de Ley de Humedales, y enumeró decenas de palabras "que se escriben con el cuerpo como acción política: río, agua, humedal, ecofeminismo, sociedad, cooperación, reciprocidad, literatura".

Recordó en torno al alto nivel de violencia social actual que "esta ciudad pertenece a un país en el que hace una semana atentaron contra la vida de la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, un tema gravísimo, que atenta también contra la democracia que hemos construido con esfuerzo a partir del fin de la dictadura militar. Con todos estos temas, entonces, ¿debería hablar de libros, del oficio de escribir, de la industria editorial y de la precaria situación del escritor y la escritora dentro de una industria que navega en los avatares de nuestra economía? Apuesto que aquí y ahora ésta no es nuestra urgencia".

Fue entonces que comenzó a hablar de la urgencia en la conciencia ambiental, porque "En Rosario, cómo hablar de libros si no se puede respirar, cómo leer si no se puede respirar", cuestionó frente a un público que aplaudió efusivo.

Entonces arremetió con uno de los fragmentos más luminosos: "La urgencia se posterga. Y en lo que va de 2022, se quemaron cientos de miles de hectáreas, difícil saber cuántas porque oficialmente nadie se ocupa de contarlas como corresponde. Si hubiera conseguido el número exacto para compartirlo en este texto, debería haberlo modificado cada día después de terminar de escribirlo, porque el fuego no se detuvo. Tal vez, ahora, mientras hablo, alguien esté comenzando un incendio en el humedal, o planeando iniciar un incendio mañana, alguien esté mirando para otro lado, alguien se prepare para decir: yo no soy responsable. Pasaron diez largos años desde el primer proyecto. Pasaron cinco largos meses antes de que el nuevo fuera girado a tres comisiones para empezar a ser discutido. ¿Cuántos meses tendrán que pasar ahora para que la ley de consenso por fin se trate y se sancione? ¿Meses o años? Meses, años, eras. Los tiempos del río versus los tiempos del Estado. Si el proyecto dice impostergable: ¿dónde está el valor de la palabra?".

Luego propuso: "Entonces busquemos palabras para hablar de lo que es urgente (...) ¿De qué hablan en esas comisiones de diputados mientras en Rosario no se puede respirar?". Y enumeró palabras: "pobreza, violencia, narcotráfico, crimen organizado, magnicidio, humedales, fuego, democracia", ya que "hay que perder el miedo a decir, porque es urgente y lo que urge no puede esperar". Incluso enumeró una serie vasta de animales y vegetales que padecen el ecocidio.

Y luego de citar un texto potente de la escritora ecofeminista Gabriela Cabezón Cámara cuestionó desde el lado de las islas y la flora y fauna quemada: "¿qué mira el ojo de los que fueron quemados?". Entonces destacó "frases urgentes: en Rosario no se puede respirar, se queman las islas, Ley de Humedales ya, basta de quemas".

Destacó entonces fragmentos del proyecto de Ley de presupuestos mínimos de protección ambiental para el uso racional y sostenible de los humedales, conocida popularmente como la Ley de Humedales consensuada por más de 300 organizaciones y aprobada en Diputados: "En medio del ecocidio sufrido en nuestro país, en el que se reportaron más de 1.300.000 hectáreas afectadas por incendios durante los años 2020 y 2021, entendemos que esta discusión resulta impostergable". Precisó entonces que "la urgencia se posterga".

Un señalamiento que realizó fue en torno a la necesaria paridad de género en los roles de decisiones: "Si el Delta del Paraná dejó de ser un ideal y se transformó en un paraíso perdido, hay responsables. Y cuando los responsables se revolean culpas unos a otros, o se lavan las manos, o cuando no actúan y podrían haber actuado -mucho o poco-, cuando demoran, cajonean o hasta hacen caer leyes consensuadas, la responsabilidad es de todos. Porque la responsabilidad no es sólo del que quema, del que degrada, del que deja un terreno yermo, del que mata. También lo es del que deja quemar, degradar, convertir el ideal en un paraíso perdido, matar. Y al hablar del que quema o deja quemar, no me esfuerzo - como hice hasta ahora en este texto- por incluir el femenino para lograr el universal de un sustantivo o de un pronombre que sentimos que hoy no nos nombra a las mujeres y disidencias. Esta vez uso el masculino adrede porque los funcionarios que podrían haber actuado son en su mayoría varones, los que operan para que las leyes de humedales se caigan son en su mayoría varones, y los dueños de los humedales que incendian intencionalmente son en su mayoría varones. En ese caso, el universal masculino aplica perfectamente, porque estamos hablando del poder. Y el poder sigue estando, mayormente, en manos de varones". Entonces destacó en su condición de minoría como mujer: "Deberían tenernos más en cuenta".

Una generosa enumeración de autoras y autores de Rosario y Santa Fe

Sobre el final de su alocución Piñeiro reclamó "que nos salven las palabras, las frases, los textos, los libros. Que nos salven las leyes. Que nos salve La sequía, de James Ballard; y El mundo es un bosque, de Ursula K Le Guin. Que nos salve Pobres Corazones, de Melina Torres; y Tres veces luz, de Juan Mattio. Que no salven La jueza muerta, de Eduardo D´Anna; y Rojo sangre, de Rafael Bielsa; y El portador, de Macelo Scalona. Que nos salve Un crimen argentino, de Reynaldo Sietecases; y Cuaderno de V, de Virginia Ducler; y Perversidad, de Marcos Mizzi. Que nos salve Los monos, de Hernán Lascano y Germán de los Santos; y Quién cavó estas fosas, de Martín Stoianovich; y El imperio de Pichincha de Rafael Ielpi; y Fuera de Cámara, de Evelyn Arach; y Postales de un mapa imposible de Javier Nuñez. Que nos salven El día que el río se quedó sin agua, de Mara Digiovana; y Las aventuras de Curimba, de Eugenio Magliocca Piazza; y Guardianes de Rosario, de Silvia Pessino; y Lagartos al sol, de Alma Maritano; y Un hechizo pluripotente, de Virginia Giacosa. Que nos salve Cómo sacar un murciélago, de Luciano Redigonda. Que nos salve la poesía de Beatriz Vallejos, y la de Fabián Yausaz, y la de Francisco Madariaga, y la de Beatriz Vignoli, y la de Alejandra Benz. Y la de Juan L Ortiz y la de Diana Bellessi. Y toda la reunida en Las cenizas llegaron a mi patio, claro. Que nos salve El río, de Débora Mundani, y Arroyo, de Susana Pampin, y 40 Watts, de Oscar Taborda, y Transgénica, de Gaby de Cicco. Que nos salven los cuentos de Lila Gianelloni, Valeria Correa Fiz, Marcelo Britos y Pablo Colacrai, y las novelas de Patricio Pron, Osvaldo Aguirre y Romina Tamburello. Que nos salven los ensayos de Alberto Giordano, Nora Avaro y Martín Prieto; y el teatro de Patricia Suárez y Leonel Giacometto. Que nos salven todos los libros de Elvio Gandolfo, Francisco Bitar y Maia Morosano. Que nos salven Wernicke y Haroldo Conti. Que nos salven Angélica Gorodischer, Jorge Riestra, Beatriz Guido, Aldo Oliva, Laiseca, Roger Pla, Mirta Rosenberg, Noemí Ulla, Hugo Diz, y el Negro Fontanarrosa".

Reconoció que "la lista es interminable. Seguramente en la anterior faltan escritoras y escritores fundamentales que nos ayudarían a entender esta ciudad, y el río. Porque así como alguien ahora quema, alguien lee, alguien escribe. Podría sumar tantos otros y otras", pero abrió el juego a la audiencia y a la sociedad: "Queda abierta para que ustedes también sumen palabras, frases, textos y sus propios libros salvadores".

Sobre el cierre del extenso discurso de la autora de "Catedrales" sonaba de fondo la nueva canción de Matilda y Lito Nebbia "Lejos del centro", toda una simbología luego de llevar ella al centro de la ciudad, al centro de discusiones en la inauguración del convite más importante en torno a la literatura local, el problema que acucia a rosarinos (y a la región) del ecocidio.

Para visitar la Feria

La Filros 2022 se puede visitar de lunes a viernes de 9 a 21. Este sábado 10, desde las 10 hasta la medianoche (por Noche de Peatonales); el sábado 17, de 10 a 22, y los domingos 11 y 18, de 13 a 21.

La feria-evento, que vuelve luego de su última edición en 2019, se extenderá, con entrada libre y gratuita, hasta el 18 de este mes ofreciendo una amplia programación con actividades para todas las edades.

Editores y libreros, así como quienes forman parte de la cadena del libro, participan de 57 stands en un espacio ideado para las infancias y propuestas múltiples que toman el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa y lo convierten en un predio ferial para disfrutar de una completa programación cultural con obras teatrales, shows, espacios y actividades para infancias, lecturas y conversatorios.


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